|
 |
| domingo, 1 de noviembre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
Bullrich, el plan B electoral de Milei
La senadora marca diferencias públicas con el Presidente e intenta retener a votantes que apoyan el rumbo pero cuestionan sus formas y decisiones.
Una pregunta empieza a circular con fuerza en la política argentina a medida que se acerca 2027: ¿qué ocurre con los votantes que quieren que Javier Milei continúe, pero no están dispuestos a acompañarlo en todo?
Son los que celebran el equilibrio fiscal, la baja de la inflación, la política de seguridad y el intento de terminar con las prácticas de la política tradicional. Sin embargo, al mismo tiempo, se incomodan con algunas actitudes del Presidente, exigen que la recuperación económica se sienta en sus bolsillos y esperan que el cambio no arrase con ciertos límites institucionales. Son, en definitiva, los votantes del "sí, pero": apoyan el rumbo general, pero no cada decisión particular. No quieren volver al pasado, aunque tampoco están del todo conformes con el presente.
En ese espacio político aparece Patricia Bullrich. Sus últimos movimientos permiten formular una hipótesis concreta: quizás no esté construyendo un proyecto para desplazar a Milei del centro de La Libertad Avanza, sino para evitar que quienes tienen reparos con el Presidente terminen buscando refugio fuera del oficialismo.
Los episodios recientes le dieron una nueva dimensión a esa lectura. El viernes 23 de mayo, durante una cena de la Fundación Faro, Milei utilizó expresiones extremadamente duras contra periodistas que investigaron la causa $LIBRA, llegando a hablar de "quemarlos en la hoguera". Al día siguiente, Bullrich publicó una foto junto al Presidente y celebró la velada como un encuentro de ideas y libertad.
Pero el domingo llegó el contraste. En una entrevista televisiva, la senadora cuestionó abiertamente esas expresiones y sostuvo que Milei había cruzado un límite. Afirmó que defender la libertad implica también respetar a quienes nos cuestionan e insistió en que frente a las críticas se responde con argumentos, no con amenazas.
La secuencia resulta elocuente: primero la foto de cercanía, después la diferenciación pública. Bullrich no reniega de su identidad libertaria ni de su pertenencia al Gobierno, pero establece un límite frente a conductas que considera inconvenientes.
El lunes 26 llegó otro episodio significativo. La senadora no asistió a la reunión de gabinete encabezada por Milei en la Casa Rosada. Desde el Gobierno se habló de motivos personales, aunque distintas reconstrucciones vincularon la ausencia con su malestar por los ataques a la prensa y con las diferencias que comenzaban a hacerse visibles en torno a las elecciones brasileñas.
El miércoles 28, Bullrich volvió a marcar distancia. Mientras Milei decidió no enviar un mensaje oficial de felicitación a Luiz Inácio Lula da Silva por su victoria frente a Flávio Bolsonaro, la senadora reconoció el resultado. "La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta", escribió, y cuestionó además el uso de una justicia parcial como herramienta para eliminar a la oposición.
No se trata de presentar a Bullrich como una dirigente que abandona sus convicciones. De hecho, había respaldado a Bolsonaro durante la campaña. La diferencia es otra: una cosa es tener preferencias ideológicas y otra muy distinta es desconocer el resultado de una elección. La senadora defendió el respeto a la voluntad popular aun cuando el ganador pertenece a un espacio con el que mantiene profundas diferencias.
Prensa, instituciones, resultados económicos y reconocimiento electoral: los matices empiezan a configurar un patrón de diferenciación sostenido. La pregunta que se instala es si ese patrón responde únicamente a convicciones personales o si, además, cumple una función política dentro de la coalición gobernante: contener a ese electorado que acompaña el proyecto de transformación, pero que todavía no termina de estar convencido de todo lo que viene junto con él.Más noticias de Actualidad Nacional
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|