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| lunes, 2 de noviembre de 2026 |
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Paula Castro: de meritoria a camarista
La jueza de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil recorrió todos los escalafones e integra hoy el Consejo de la Magistratura.
Paula Castro no venía de una familia de abogados ni tenía contactos en el mundo judicial. Su padre trabajó en un laboratorio y luego tuvo una inmobiliaria; su madre es profesora de inglés. Sin embargo, desde adolescente supo que quería dedicarse al Derecho y a la Justicia. Las novelas policiales de Agatha Christie y, sobre todo, una película fueron las semillas de esa vocación. Cuando vio "Philadelphia" —el drama protagonizado por Tom Hanks y Denzel Washington sobre la discriminación hacia un abogado enfermo—, tomó la decisión definitiva: estudiaría Derecho y buscaría un lugar en Tribunales.
Lo que encontró al ingresar al Poder Judicial, a los 18 años, fue muy distinto a la imagen que había construido a partir del cine y la literatura. Nada de jurados dramáticos ni alegatos apasionados. En cambio: expedientes cosidos a mano, pilas de carpetas y una mesa de entradas con gente esperando turno. Ese mundo más silencioso y cotidiano, sin embargo, la atrapó de una manera diferente.
Castro ingresó como meritoria, una figura que en aquel entonces —hace más de 30 años— implicaba trabajar sin sueldo durante un período prolongado para ganarse un nombramiento. Después de aproximadamente dos años en esa condición, llegó finalmente su designación formal. A partir de ahí, recorrió todos los escalafones de la carrera judicial hasta llegar a la Sala F de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Hace poco menos de un mes, además, asumió como consejera de la Magistratura.
En ese camino, Castro destaca algo que considera central: no necesitó de un padrino político para avanzar. Según su visión, la formación sólida y el trabajo sostenido son las verdaderas vías de acceso a la magistratura. Una postura que contrasta con la percepción extendida de que el Poder Judicial es un ámbito donde los vínculos y las influencias pesan más que los méritos.
El único contacto que tuvo al principio fue un amigo cercano de su padre, que supo de su interés por el Derecho y la llevó a conocer un juzgado civil mientras comenzaba la carrera universitaria. Ese hombre fue, en sus palabras, una guía en los primeros pasos, no un operador político. La diferencia, para Castro, es fundamental.
La jueza también reflexiona sobre los desafíos que enfrenta hoy el Poder Judicial argentino: la acumulación de vacantes sin cubrir, las demoras estructurales en los procesos, las presiones externas e internas y, sobre todo, la necesidad de que la institución se acerque más a los ciudadanos que buscan respuestas concretas. Un sistema que, a su criterio, debe modernizarse y dar señales más rápidas y claras a la sociedad.
A lo largo de su carrera, Castro construyó además una red de vínculos humanos que perduran hasta hoy. Muchos de quienes fueron sus compañeros en aquellos primeros años siguieron sus propios caminos dentro del Poder Judicial, y continúan relacionados. Ese tejido de trayectorias compartidas es, según ella, parte esencial de lo que significa crecer dentro de la carrera judicial desde abajo.Más noticias de Actualidad Nacional
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