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| domingo, 8 de noviembre de 2026 |
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El derrumbe de los aliados de Milei
Trump, Netanyahu, Bolsonaro y Peña caen en pocas semanas y debilitan la red internacional que respaldaba al gobierno libertario.
Hace apenas un mes, todo parecía ir viento en popa para Javier Milei en el plano internacional. Flávio Bolsonaro había ganado la primera vuelta de las elecciones en Brasil y se perfilaba como el próximo presidente. El canciller Pablo Quirno celebraba que los candidatos respaldados por el Presidente ganaban en todos lados. Luis Caputo se mostraba eufórico: decía que Milei había llegado de la nada a la presidencia y que en dos años y medio había cambiado la forma de votar de todo un continente. Milei viajó a una gala trumpista en Miami, se abrazó con Bolsonaro y prometió "sacar a patadas en el culo" a Lula da Silva, a quien llamaba "dictador comunista". Agustín Laje, referente máximo de la batalla cultural de Milei, afirmaba que los pueblos se habían vuelto de derecha y que ese movimiento había triunfado a nivel global.
No era pura ilusión: la realidad de ese momento justificaba esa euforia. Sin embargo, nadie podía anticipar lo que vendría en las semanas siguientes, uno de los cambios de clima político más vertiginosos de los últimos tiempos.
En Brasil, la séptima economía del mundo, Lula da Silva logró revertir una elección que parecía perdida y se impuso volcando diez millones de votos a su favor. América Latina dejó de lucir como territorio libertario. Si se suman las poblaciones de Brasil y México —las dos principales potencias regionales, ambas con gobiernos antagónicos a Milei— superan a la de todos los países con administraciones conservadoras. En los debates, Lula usó como arma la vinculación de Bolsonaro con Milei, consciente de que esa asociación espantaba al electorado independiente.
La segunda baja llegó desde Israel, donde Benjamin Netanyahu, uno de los principales aliados internacionales del mandatario argentino, quedó al borde de perder la jefatura de Estado. La coalición opositora liderada por Gadi Eisenkot reunió 67 parlamentarios contra apenas 46 del actual primer ministro, lo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la política israelí.
Pero el golpe más resonante llegó desde Estados Unidos, donde Donald Trump fue literalmente barrido por los demócratas en las elecciones de medio término. Los republicanos sufrieron reveses en lugares impensados como Kansas, Texas, Carolina del Sur e incluso Misisipi. Con la estrella de Trump opacada, la extrema derecha mundial perdió buena parte de su atractivo y su ambición hegemónica quedó seriamente dañada.
En América Latina, los problemas no terminaron ahí. Santiago Peña, presidente de Paraguay y considerado el "Golden Boy" de la nueva derecha regional, fue destituido en medio de un escándalo por la quiebra de un banco que había recibido fondos oficiales. Las redes sociales se llenaron de videos donde Peña elogiaba a Milei y viceversa. También Mauricio Macri, José Antonio Kast y Santiago Abascal, líder de la ultraderecha española, habían celebrado públicamente a Peña.
La debacle alcanzó también a Kast en Chile, donde el referente de la derecha dura cayó por debajo del 30 por ciento en todas las encuestas, golpeado por su decisión de reducir las penas a docenas de condenados por abuso sexual, una postura que generó un rechazo generalizado.
A todo esto se suma un hecho que en su momento pasó casi inadvertido: en marzo de este año, Viktor Orbán también fue derrotado en Hungría, otro nombre que integraba ese universo de líderes con los que Milei se identificaba plenamente.
En pocas semanas, la red de aliados internacionales que sostenía la proyección global del gobierno argentino se desmoronó de manera acelerada y simultánea, dejando al oficialismo ante un escenario externo muy distinto al que celebraba apenas un mes atrás.
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