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| domingo, 1 de noviembre de 2026 |
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La Iglesia pide diálogo permanente tras la visita papal
El Episcopado quiere que la llegada de León XIV abra un canal estable con el Gobierno, más allá del evento. Hay malestar por sentirse instrumentados.
El próximo domingo 8 de noviembre, León XIV pisará suelo argentino por primera vez, cerrando casi cuatro décadas sin presencia papal en el país. Antes, el Pontífice hará escala en Uruguay como primera parada de su gira sudamericana. Para la Iglesia local, sin embargo, el acontecimiento va mucho más allá de organizar misas e itinerarios pastorales.
En el Episcopado existe una expectativa clara e insistente: que la visita no se convierta en una simple foto institucional que pierda valor en cuanto el avión papal ponga rumbo a Perú. Las autoridades eclesiásticas transmitieron a sus interlocutores en el Gobierno un pedido de largo aliento: establecer un canal de diálogo permanente, con referentes definidos y una agenda que no dependa de las urgencias de cada momento político.
El trasfondo de ese pedido es la desconfianza. En distintos sectores de la Iglesia existe la sensación de que el acercamiento oficial responde más a la conveniencia coyuntural que a una voluntad genuina de construir un vínculo sostenido. "Están enojados porque creen que los están usando", describían fuentes eclesiásticas. La sospecha que circula en esos ámbitos es que, una vez que León XIV deje el país, los contactos volverán a enfriarse y la intensidad de los últimos meses se disolverá. "Sienten que después de la salida del Papa no va a haber más relación. Es algo transitorio", señalan.
Desde la Casa Rosada, según pudo reconstruirse, escucharon el planteo e incluso lo consideraron razonable. Un alto funcionario lo calificó de "lógico". En conversaciones informales, además, se dejó trascender que el vínculo no quedará reducido a la coordinación del viaje, aunque sin precisar aún de qué forma se materializará ese compromiso.
El Gobierno también tiene sus propias razones para evitar que la visita papal derive en un momento incómodo. El país atraviesa una etapa de debilidad económica, con suba del riesgo país y caída de la actividad que el propio Presidente reconoció públicamente. Esos factores impactan directamente en los temas sociales que históricamente preocupan a la Iglesia.
La distancia entre ambas instituciones tiene antecedentes concretos. Javier Milei recibió a las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina una única vez desde que asumió: el 12 de marzo de 2024, cuando monseñor Oscar Vicente Ojea conducía el organismo. En esa reunión, los obispos expresaron su inquietud por la situación económica y social, la escasez de alimentos y medicamentos y el deterioro de los sectores más vulnerables.
Desde ese encuentro, no hubo una nueva audiencia presidencial con la conducción del Episcopado. La relación se sostuvo a través de otros funcionarios: Karina Milei, el canciller Pablo Quirno y más recientemente representantes del Ministerio de Seguridad e incluso de la SIDE.
En ese marco, dos temas que la Iglesia viene impulsando desde hace tiempo lograron abrirse camino: la discapacidad y la ludopatía. En ambos casos, el Congreso terminó aprobando respuestas que fueron bien recibidas por las autoridades eclesiásticas, aunque llegaron después de meses de presión y una resistencia oficial que generó malestar. La Iglesia valora los avances, pero sectores críticos consideran que la reacción llegó tarde.
El reclamo por la discapacidad había quedado particularmente expuesto en octubre, cuando representantes de la Conferencia Episcopal dejaron en claro su posición públicamente. La percepción de que el Gobierno cedió por la presión, y no por convicción, alimenta parte del escepticismo que hoy tiñe la relación entre ambas instituciones.Más noticias de Actualidad Nacional
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