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| viernes, 30 de octubre de 2026 |
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Milei endurece el rumbo y pierde aliados
El Presidente no cede en lo económico ni en lo discursivo, justo cuando sus aliados marcan distancia y el Papa se acerca al país.
Javier Milei habló durante casi una hora sin pausas ante su gabinete reunido en la Casa Rosada. Nadie lo interrumpió, nadie pidió la palabra e incluso nadie se animó a plantear matices. El mandatario dejó en claro, como viene haciendo cada lunes, que el equilibrio fiscal es innegociable, que no habrá ningún tipo de plan de estímulo económico previo a las elecciones de 2027 y que no está dispuesto a introducir medidas que contradigan sus principios, aunque sean electoralmente convenientes.
Uno de los funcionarios presentes intentó en vano encontrar el momento para plantear un tema relevante. No lo logró. Recordó además que las reglas del encuentro exigen dejar los teléfonos afuera e imponen un silencio estricto cuando habla el jefe. Mientras el Presidente elevaba la voz para reiterar que no se correrá "ni un milímetro de las ideas de la libertad", el funcionario optó por asentir con la cabeza e irse sin respuesta.
La escena refleja con precisión el momento que atraviesa La Libertad Avanza. Milei está convencido de que su modelo es correcto y que los resultados terminarán dándole la razón. Sin embargo, esa determinación convive con una realidad política cada vez más compleja: el gabinete esconde tensiones crecientes, parte de su propio electorado cuestiona sus formas e incluso sus principales aliados empiezan a marcarle límites concretos.
La reunión ministerial se realizó pocas horas después de la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, resultado que Milei evitó reconocer públicamente. En ese contexto, la ausencia de Patricia Bullrich no pasó desapercibida. La funcionaria, que días antes había cuestionado públicamente los insultos del Presidente hacia periodistas y adversarios, alegó motivos personales para no asistir. Nadie desmintió la excusa, pero tampoco la creyó. Su desmarque se suma a una seguidilla de diferencias que inquietan al núcleo duro del oficialismo.
Hubo además otro gesto de autonomía notable: el reconocimiento de la victoria del Partido de los Trabajadores en Brasil sobre Flávio Bolsonaro. Una fuente gubernamental de alto rango señaló que "Javier comprende y tolera eso mordiéndose la lengua, pero Karina no logra digerirlo y la tiene muy preocupada".
Todo esto ocurre mientras se acerca la visita del papa León XIV a la Argentina, un evento que pone al Gobierno ante la necesidad de mostrar capacidad de diálogo y madurez institucional. La relación con la Iglesia, lejos de ser fluida, viene acumulando rispideces. El clima de confrontación permanente que caracteriza al Presidente choca con el espíritu de encuentro que suele acompañar este tipo de visitas papales.
El problema central que enfrenta Milei no es económico sino político: su estilo discursivo agresivo y su negativa a ceder en cualquier terreno le dificultan la construcción de acuerdos parlamentarios duraderos. Los negociadores del oficialismo reconocen en privado que tienen cada vez menos margen para tejer consensos, justamente porque sus interlocutores saben que el Presidente no está dispuesto a flexibilizar posiciones.
La paradoja es evidente: cuanto más rígido se muestra Milei en defensa de sus convicciones, más se complica la sustentabilidad política de su propio proyecto. Sus aliados no se van, al menos por ahora, pero cada vez se animan más a diferenciarse públicamente. Y esa distancia, aunque todavía manejable, empieza a tener un costo real en la capacidad de gobernar.Más noticias de Actualidad Nacional
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