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| sábado, 24 de octubre de 2026 |
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Londres defiende ante Trump el petróleo malvinense
El primer ministro británico habló con Trump e con Kast para blindar la explotación petrolera en Malvinas y el derecho a la autodeterminación.
El primer ministro británico Andy Burnham mantuvo este viernes dos conversaciones telefónicas que dejan en claro la ofensiva diplomática de Londres para proteger su posición sobre las Islas Malvinas. En la primera, le transmitió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la relevancia de respetar el derecho de los isleños a desarrollar sus recursos naturales e intentó exponerle el impacto económico de las medidas legales que viene impulsando Argentina. En la segunda, le planteó al presidente de Chile, José Antonio Kast, el interés británico en que los habitantes del archipiélago puedan ejercer su derecho a la autodeterminación.
El eje central del diálogo con Trump fue el proyecto petrolero Sea Lion e el efecto de las acciones coercitivas de Buenos Aires contra las compañías vinculadas a la exploración de hidrocarburos en la zona. Según un comunicado oficial de Downing Street, Burnham le expuso al mandatario estadounidense las consecuencias económicas que esas medidas generan tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos, al tiempo que reafirmó el derecho de los malvinenses a explotar los recursos de su territorio.
La comunicación con Kast tuvo un condimento especial: Chile viene respaldando de manera sostenida el reclamo argentino sobre la soberanía del archipiélago. De hecho, durante una visita de Estado a Buenos Aires en abril de este año, el mandatario chileno reiteró formalmente ese apoyo en un comunicado conjunto con la cancillería argentina. Aun así, Burnham no desaprovechó la oportunidad para transmitirle la postura de Londres sobre la autodeterminación de los isleños.
El yacimiento Sea Lion se encuentra a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas e está operado por la empresa israelí Navitas Petroleum, que controla el 65% de la participación, mientras que el porcentaje restante pertenece a la británica Rockhopper Exploration. El campo tiene reservas estimadas en 1.700 millones de barriles de crudo e planea comenzar su producción en 2028, con una primera etapa que alcanzaría los 50.000 barriles diarios. El desarrollo del proyecto fue aprobado a mediados de octubre por el secretario de Energía del Reino Unido, Ed Miliband.
El gobierno de Javier Milei respondió con una serie de acciones legales contundentes. A comienzos de septiembre, luego de un discurso televisado en el que calificó la explotación petrolera como un peligro concreto e inmediato para la soberanía argentina, el país inició procedimientos sancionatorios contra decenas de personas e empresas ligadas a la exploración de hidrocarburos en las islas. El canciller Pablo Quirno presentó además una denuncia penal contra Navitas Petroleum, sus subsidiarias e directivos por operar con licencias otorgadas por Londres en la cuenca norte del archipiélago.
Milei también envió al Congreso un proyecto de ley para endurecer las sanciones contra quienes participen en actividades no autorizadas por las autoridades argentinas e impulsó una denuncia contra el Reino Unido ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, solicitando la suspensión cautelar del proyecto petrolero.
Las declaraciones de Trump en semanas previas habían echado más leña al fuego. En septiembre, el presidente estadounidense afirmó que la posición de neutralidad de su país sobre la soberanía de las islas estaba bajo revisión. Días más tarde, durante una visita a Irlanda, insinuó que el Reino Unido no estaría dispuesto a defender el territorio, al tiempo que se ofreció a resolver el conflicto si se lo solicitaban. Esas palabras fueron aprovechadas por Milei, un aliado cercano de Trump, para intensificar su ofensiva diplomática e legal contra Londres.
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