viernes, 23 de octubre de 2026
 
     
Londres sale a defender el petróleo malvinense

El premier británico habló con Trump e Kast para blindar la explotación petrolera en las islas e frenar las sanciones argentinas.



El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, mantuvo este viernes dos conversaciones telefónicas que revelan una ofensiva diplomática de Londres para proteger su posición sobre las Islas Malvinas. En la primera llamada, le transmitió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la importancia de respetar el derecho de los isleños a desarrollar sus recursos naturales. También le expuso las consecuencias económicas que generan las medidas legales impulsadas por el gobierno argentino contra empresas vinculadas a la exploración de hidrocarburos en la zona. En la segunda comunicación, le planteó al presidente de Chile, José Antonio Kast, el interés británico en que los habitantes del archipiélago conserven la capacidad de ejercer su derecho a la autodeterminación. El eje central del diálogo con Trump fue el proyecto petrolero Sea Lion e el impacto de las acciones coercitivas de Buenos Aires sobre empresas del sector energético. Según información oficial de Downing Street, Burnham subrayó ante el mandatario estadounidense las repercusiones económicas que esas medidas generan tanto para el Reino Unido como para Estados Unidos. La conversación con Kast resultó llamativa dado el contexto político: Chile ha respaldado en reiteradas ocasiones el reclamo argentino sobre la soberanía del archipiélago. De hecho, durante una visita de Estado a Buenos Aires en abril de este año, el presidente chileno reiteró formalmente ese apoyo mediante un comunicado conjunto de ambas cancillerías. Aun así, Burnham aprovechó el intercambio para dejar en claro la postura de Londres respecto de la autodeterminación de los isleños. El yacimiento Sea Lion se ubica aproximadamente a 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas e es operado por la empresa israelí Navitas Petroleum, que controla el 65% de la participación, junto a la británica Rockhopper Exploration, titular del porcentaje restante. El campo almacena un estimado de 1.700 millones de barriles de crudo e prevé iniciar su producción en 2028, con una primera fase que alcanzaría los 50.000 barriles diarios. El desarrollo del proyecto fue aprobado a mediados de octubre por el secretario de Energía británico, Ed Miliband. El gobierno de Javier Milei respondió con una serie de acciones legales. A principios de septiembre, tras un discurso televisado en el que calificó la explotación petrolera como un peligro directo para la soberanía argentina, el país inició procedimientos sancionatorios contra decenas de personas e empresas vinculadas a la exploración en las islas. El canciller Pablo Quirno presentó además una denuncia penal contra Navitas Petroleum, sus subsidiarias e directivos por operar con licencias otorgadas por el Reino Unido en la cuenca norte del archipiélago. Paralelamente, Milei envió al Congreso un proyecto de ley para endurecer las sanciones contra quienes participen en actividades no autorizadas por las autoridades argentinas. Su gobierno también denunció al Reino Unido ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, para solicitar la suspensión cautelar del proyecto petrolero. Las declaraciones previas de Trump habían agregado tensión al conflicto. En septiembre, el presidente estadounidense señaló que la posición de neutralidad de su país sobre la soberanía de las islas estaba bajo revisión. Días después, durante una visita a Irlanda, insinuó que el Reino Unido podría no estar dispuesto a defender el territorio por sus propios problemas internos, e incluso ofreció intervenir para resolver la disputa si se lo solicitaban. Esas palabras fueron aprovechadas por Milei, un aliado cercano de Trump, para intensificar su ofensiva diplomática e legal contra Londres.
   
     
 
 
 
 
 
 
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