miércoles, 21 de octubre de 2026
 
     
Cazas F-16, blindados y nuevos aviones: qué hay detrás

En Infobae al Mediodía, el analista internacional Andrei Serbin Pont explicó qué objetivos persiguen ambos países con sus adquisiciones y proyectos de renovación,



La compra decazas F-16por parte de laArgentinay los planes deChilepara renovar sus aviones de combate reavivaron el debate sobre el equilibrio militar entre ambos países. Sin embargo, Andrei Serbin Pont sostuvo que las adquisiciones responden a la necesidad de modernizar lasFuerzas Armadasy recuperar capacidades postergadas, y no a una carrera armamentista. Durante una columna enInfobae al Mediodía, el especialista explicó que las compras militares no implican necesariamente una escalada bélica. Para evaluar si existe un proceso de rearme, señaló, hay que considerar las amenazas que enfrenta cada país, la evolución de sus presupuestos, los cambios en sus capacidades y la orientación de sus políticas de Defensa. La incorporación de los F-16 permitió a la Fuerza Aérea Argentina comenzar a recuperar su capacidad de combate supersónico, perdida en 2015 con la retirada de losMirage. La renovación de esos aviones era una demanda de la institución desde la década de 1990, pero su concreción se demoró durante años. La actualización también alcanza al Ejército y la Armada. La Argentina recibió ocho vehículos blindadosStrykery solicitó otras 235 unidades para equipar a la Décima Brigada, destinada a operaciones de despliegue rápido. Los nuevos vehículos reemplazarán medios sobre orugas de la década de 1960. En el ámbito naval, los aviones P-3C Orion permiten modernizar las capacidades de patrulla marítima y sustituir aeronaves anteriores que acumulaban años de servicio y presentaban limitaciones tecnológicas. A esas adquisiciones se suman los planes para incorporar submarinos y buques de superficie. Serbin Pont destacó que las tres fuerzas necesitan renovar sus sistemas y que la compra de una plataforma no resuelve por sí sola todas sus necesidades operativas. En ese sentido, explicó que buena parte de las incorporaciones argentinas apunta a recuperar capacidades perdidas o reemplazar equipamiento obsoleto. En Chile, el anuncio de un proceso de estudio para sustituir los F-5 generó repercusiones similares. Esos aviones acumulan más de cinco décadas desde su desarrollo y su eventual reemplazo se proyecta para después de 2031, dentro de un programa de mediano y largo plazo. La Fuerza Aérea chilena opera 46 F-16: diez adquiridos nuevos en 2006 y el resto incorporado mediante operaciones con aeronaves usadas. Esa flota le permitió mantener durante años una ventaja en determinadas capacidades de combate aéreo frente a la Argentina, que demoró la renovación de sus sistemas. El analista explicó que la diferencia se profundizó después de 2000, cuando Chile aprovechó oportunidades en el mercado internacional para incorporar cazas, aviones de reabastecimiento en vuelo, aeronaves de alerta temprana y buques. Mientras Santiago avanzó con esas adquisiciones, Buenos Aires dio de baja sistemas o postergó su reemplazo. La llegada de los F-16 argentinos contribuye a reducir parcialmente esa brecha. Sin embargo, Serbin Pont descartó que las decisiones de ambos países respondan a una competencia por la superioridad militar. Según su análisis, las diferencias actuales son consecuencia de distintos ritmos de inversión y modernización, no de una disputa bilateral. La evolución del gasto militar es uno de los argumentos centrales del especialista. Según los datos que presentó durante la columna, la Argentina destina alrededor del 0,56% de su producto bruto interno (PBI) a Defensa, mientras que Chile pasó de asignarle el 2,6% en 2008 al 1,52% en la actualidad. Para Serbin Pont, estas cifras no reflejan una expansión sostenida del esfuerzo militar de ninguno de los dos países. Aunque las adquisiciones incorporan nuevos sistemas, muchas de ellas buscan reemplazar equipos antiguos o recuperar capacidades que habían quedado fuera de servicio.
   
     
 
 
 
 
 
 
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