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| lunes, 19 de octubre de 2026 |
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El juez Fabián Asís: “En la justicia las necesidades
Con más de tres décadas en el Poder Judicial, el juez del Tribunal Oral Federal 2 de Córdoba habla sobre los desafíos de la Justicia para recuperar la confianza
Fabián Asís siempre quiso ser una especie de justiciero. Su padre, médico de profesión, solía comparar el trabajo de un cirujano en el quirófano con el de un abogado frente a un tribunal, es decir, al de una especie de superhéroe que pone el cuerpo y cuyas decisiones cambian la vida de la gente. Esa imagen, sumada a la influencia de un profesor de Instrucción Cívica durante el secundario, terminó por inclinarlo hacia el Derecho. Nacido en La Rioja y formado en Córdoba, ingresó a la Justicia Federal por la Secretaría Electoral y recorrió distintos cargos del escalafón judicial hasta desempeñarse como fiscal general y, desde 2009, como Juez de Cámara en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 2 de Córdoba.
Con más de 35 años de trayectoria en el Poder Judicial, Asís fue uno de los impulsores de la Junta de Tribunales Orales de la República Argentina (JUTOF), una organización que busca dar visibilidad a las problemáticas de la Justicia del interior. En una nueva entrega deSr. Juez, el ciclo de entrevistas de Infobae dedicado a explorar las experiencias, pasiones y dilemas que moldean el pensamiento de los jueces más importantes del país, Fabián Asís dice que quiere una representación regional en el Consejo de la Magistratura, defiende la implementación del sistema acusatorio como una herramienta para acelerar los procesos penales y habla sobre la necesidad de recuperar la confianza de los argentinos.
—Desde chico tuve la inquietud de ser una especie de justiciero. No sé si específicamente como juez o como abogado defensor, pero siempre buscando equilibrar las cargas. Me parece que esa cualidad de justiciero fue algo innato en mí.
—¿Y cómo fue el recorrido que lo llevó a estudiar Derecho?
—Cuando empecé a estudiar en la Facultad de Derecho, siempre me incliné por la parte penal, que era la que más me apasionaba. Vengo de una familia en la que mi padre era médico. Él siempre decía que el cirujano, cuando está en el quirófano con el paciente, tiene un rol más trascendente, y que, entre los abogados, el penalista es quien ocupa ese lugar en el juicio. De chico me quedó esa impronta: el abogado penalista es el que está en un rol más trascendente, de mayor visibilidad en el desarrollo del equilibrio en un juicio oral y público. Eso me quedó de chico.
—Pero, con un padre médico, ¿había visto en algún lado, en una película, en un libro, lo que era el rol de un juez?
—Sí. En realidad, en el secundario tuve un profesor de Instrucción Cívica que empezó a motivarme con el Derecho. Fue quien terminó inclinando mi decisión hacia la abogacía.
—Me costó. Cuando empecé la facultad, en 1985, en la Universidad Nacional de Córdoba, primero intenté ingresar a los tribunales provinciales, pero era muy difícil. Después se dieron las circunstancias para que empezara en la Justicia Federal, en la Secretaría Electoral de Córdoba, donde justamente estaba en la función de diseñar o de organizar las elecciones. Entonces era un ámbito más limitado de lo que me gustaba realmente. Después, a partir de ahí, del primer escalón en esa Secretaría Electoral, fui pasando por los distintos cargos de la Justicia Federal, desde escribiente, oficial, prosecretario, secretario. Fui fiscal general en Córdoba durante cuatro años, donde se llevaron causas muy trascendentes en el Ministerio Público Fiscal, y después soy juez de Cámara Federal desde el año 2009 hasta la fecha. Ya son casi diecisiete años.
—Toda su carrera transcurrió en Córdoba, pero nació en La Rioja…
—Mi padre era cordobés. Había egresado del Liceo Militar General Paz y se recibió de médico muy joven, a los 21 años. Se casó con mi madre, que era riojana, y se radicaron en La Rioja cuando tenían 22 años. Allí mi padre ejerció la profesión y nacimos nosotros. Cuando empecé el secundario, toda la familia se trasladó a Córdoba y estudié en el Colegio La Salle.
—¿Cómo es impartir justicia fuera de Buenos Aires? Porque pareciera que el mundo empieza y termina en Comodoro Py.
—Creo que la Justicia se aplica en todos lados y tiene que ser exactamente igual. No obstante, el diseño de la Justicia o la estructura del Poder Judicial siempre ha mostrado diferencias entre el interior y la Ciudad de Buenos Aires. Se nota mucho, por ejemplo, en lo que son las asociaciones de jueces y los organismos que representan al Poder Judicial, que siempre tienen su sede en la Capital. Eso me motivó hace muchos años, en 1998, a comenzar a organizar una junta de tribunales orales. En un principio iba a reunir a tribunales nacionales y federales, pero finalmente se constituyó como una junta federal de jueces de tribunales orales. Fui fundador de esa Junta en el año 2000, por supuesto con un montón de colegas que me acompañaron en ese momento. Redacté lo que fue el estatuto y las bases de esta organización, que se llama JUTOF, la Junta de Tribunales Orales de la República Argentina, justamente para visibilizar las situaciones del interior del país. Está compuesta por representantes de las 23 provincias y de la Ciudad de Buenos Aires. Hay un consejo directivo que tiene estos 24 miembros y tenemos un chequeo prácticamente inmediato de lo que pasa en cada una de las provincias del interior del país. Esto es muy beneficioso porque en el acto podemos advertir cuáles son las falencias. En su momento mantuvimos reuniones con la Corte Suprema sobre problemas de conectividad y falta de recursos humanos en distintas provincias. Se trabajó mucho. Fui su primer presidente y después me reeligieron por unanimidad. Como entiendo que la calidad institucional se basa en la alternancia, impulsé la renovación de autoridades. Actualmente preside la junta María Alejandra Cataldi, de Jujuy, y yo continúo como tesorero. Es un organismo con una visión verdaderamente federal.
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