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| lunes, 5 de octubre de 2026 |
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El juez Culotta habla de rugby y Magistratura
El magistrado federal de Tres de Febrero reflexiona sobre su carrera, cuestiona el uso de denuncias como presión y busca reformar el Consejo.
Juan Manuel Culotta no pensaba ser juez ni rugbier. De chico soñaba con el fútbol y estudiaba Agronomía, atraído por el campo y el aire libre. Pero la vida lo llevó por otros caminos, y hoy es uno de los jueces federales más destacados del país, con sede en Tres de Febrero, y candidato al Consejo de la Magistratura por la agrupación Compromiso Judicial.
El deporte llegó por influencia paterna. Su padre, Jorge Culotta, fue ingeniero y jugador del Club Pucará, institución del sur del conurbano bonaerense que en 1952 logró una hazaña histórica: vencer a Irlanda, uno de los equipos más tradicionales de las Cinco Naciones. Fue la primera victoria de un equipo argentino frente a esa selección, y los festejos se repitieron durante décadas. Jorge Culotta vivió hasta 2001 y fue uno de los últimos sobrevivientes de aquella memorable gesta deportiva.
Cuando tenía apenas cinco años, el pequeño Juan Manuel quería patear una pelota de fútbol. Su padre lo convenció de probar con el rugby, y él terminó agradeciendo ese consejo. Jugó hasta los 23 años y asegura que ese deporte lo formó como persona: le enseñó a tolerar el esfuerzo físico, a levantarse después de los golpes y a entender que en un equipo cada uno cumple un rol. Él mismo se describe como parte de los que trabajaban en la sombra para que otros brillaran, una filosofía que, según admite, trasladó a su vida profesional.
El giro hacia el derecho llegó de manera inesperada. A principios de los años ochenta, mientras cursaba Agronomía, la vuelta de la democracia encendió en él una inquietud por lo público y lo político. En 1984 cambió de carrera y comenzó a estudiar Derecho. Dos años más tarde ingresó como meritorio al fuero judicial y fue escalando posiciones durante dos décadas, hasta que en 2006 asumió la titularidad del Juzgado Federal de Tres de Febrero.
Desde ese lugar, Culotta observa con preocupación una práctica que considera nociva para la independencia judicial: el uso de denuncias contra magistrados como mecanismo de presión. En su visión, ciertos sectores recurren a ese instrumento no para buscar justicia sino para condicionar decisiones o disciplinar a jueces que resultan incómodos. Esa situación, sostiene, compromete la autonomía del Poder Judicial y deteriora la confianza institucional.
Como candidato al Consejo de la Magistratura, Culotta propone una serie de reformas concretas. Entre ellas, agilizar los concursos para cubrir vacantes judiciales, que hoy se demoran de manera excesiva y dejan a muchos juzgados sin titular durante años. También plantea reducir la influencia de los sectores políticos dentro del organismo, que según entiende distorsiona su función original: seleccionar y controlar a los jueces con criterios técnicos y no partidarios.
Su perfil combina la experiencia de quien creció en los pasillos de Tribunales con la convicción de que el sistema necesita cambios profundos. El rugby, dice, le dejó una lección que aplica todos los días: cuando uno cae, hay que volver a pararse y seguir jugando.
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