domingo, 4 de octubre de 2026
 
     
Bullrich pide diálogo entre Milei y Kirchnerismo

El exsenador, que vive con ELA, presentó su libro y llamó a construir acuerdos políticos duraderos sin abandonar convicciones.



Esteban Bullrich vive en una casa sencilla en un barrio cerrado del norte del conurbano bonaerense, rodeado de su familia y de un pequeño equipo de personas que lo acompañan en su día a día. Allí recibe visitas, trabaja y sigue pensando en la Argentina con la misma intensidad de siempre, aunque el cuerpo ya no le responda como antes. Fue diagnosticado con ELA —Esclerosis Lateral Amiotrófica— en abril de 2021, una enfermedad neurológica progresiva que afecta las neuronas motoras y compromete los movimientos voluntarios. Los primeros síntomas habían aparecido meses antes, en septiembre de 2020, cuando durante una videollamada notó que le costaba hablar con claridad. Ocho meses después del diagnóstico, presentó su renuncia como senador nacional por la provincia de Buenos Aires. Su despedida del Senado, el 9 de diciembre de 2021, fue uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria de quienes estuvieron presentes. En ese último discurso, Bullrich eligió hablar del diálogo como el valor más escaso y más necesario de la política argentina. Planteó que los adversarios no son enemigos, que representan a una parte de la sociedad cuyos intereses merecen el mismo respeto que los propios, y que es posible negociar y acordar sin traicionarse a uno mismo. Ahora, además de ese legado discursivo, acaba de publicar un libro titulado Liderazgo Emocional, un ensayo en el que desarrolla su visión sobre el tipo de dirigencia que el mundo actual necesita. Según Bullrich, los líderes del futuro deben cultivar valores como la humildad, el coraje, la esperanza, el servicio, la justicia, la cercanía y la capacidad de perdonar. Y deben dominar dos habilidades que hoy brillan por su ausencia en la política: saber callar y saber escuchar. En ese marco, el exsenador se mostró entusiasmado con la baja de la inflación que viene registrando la Argentina bajo la gestión de Javier Milei, pero no dejó de advertir sobre la persistencia de la pobreza y los riesgos que implica una sociedad cada vez más polarizada. Para Bullrich, el verdadero desafío no es elegir entre el equilibrio fiscal y la sensibilidad social, sino demostrar que ambas cosas pueden coexistir. En esa línea, fue contundente al expresar su deseo de ver al presidente Milei sentado a tomar un café con Axel Kicillof o dialogando con Cristina Kirchner. No lo dijo como una provocación sino como una convicción: figuras que representan visiones radicalmente distintas del país tienen la obligación de encontrarse, de escucharse, de buscar puntos en común. Para Bullrich, eso no es ingenuidad sino la única forma de construir algo duradero. Quienes lo conocen destacan que esta postura no es nueva en él, aunque sí se ha profundizado desde que recibió el diagnóstico. Bullrich siempre fue conocido por su disposición al diálogo, incluso con adversarios ideológicos. Fue ministro de Educación tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en la Nación, y en 2017 logró derrotar a Cristina Kirchner en las elecciones legislativas bonaerenses, uno de los resultados más resonantes de esa época. Sin embargo, lejos de instalarse en ese triunfo, eligió un camino diferente: convertir su experiencia personal más dura en una plataforma para promover otra forma de hacer política. Lo acompaña su esposa María Eugenia, figura central en su vida cotidiana, junto a Charles y Frances, dos médicos venezolanos que integran su equipo de cuidado con una dedicación que él mismo reconoce y valora. Desde ese entorno íntimo, Bullrich sigue mirando a la Argentina con preocupación pero también con esperanza, convencido de que el diálogo genuino sigue siendo posible, aunque cada vez más difícil de encontrar.
   
     
 
 
 
 
 
 
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