lunes, 28 de septiembre de 2026
 
     
Bullrich tensiona y el Gobierno aguanta

En Casa Rosada toleran los desmarques de la senadora mientras no haya ruptura formal, aunque el hartazgo crece y Milei empieza a perder la paciencia.



La distancia que Patricia Bullrich toma respecto del oficialismo se profundiza con el correr de los meses, y el ritmo de sus cuestionamientos se acelera notoriamente a medida que el calendario electoral se acerca. Sin embargo, desde el Gobierno nacional la respuesta es, por ahora, la resignación. Inmersos en un contexto económico y social complicado, los funcionarios cercanos a Karina Milei optaron por no confrontar abiertamente con la senadora y sostienen que sus críticas son, a su manera, una forma de aportar al espacio. La postura oficial es clara: mientras Bullrich no ejecute una ruptura formal —es decir, mientras no arme un bloque propio o abandone explícitamente la coalición— sus diferenciaciones serán toleradas. 'Se viene diferenciando desde el día cero. Ella considera que es su manera de aportarle valor al espacio. No te queda mucho ahí. Se zanjaron las diferencias. Ella tiene sus posturas y se las respeta', señaló un funcionario de alto rango con acceso diario a la hermana del Presidente. Desde la sede gubernamental aseguran que podrían convivir con esta situación incluso hasta el día de los comicios, aunque reconocen cierto nivel de hartazgo creciente. El problema para el Ejecutivo es que la necesidad de contar con el respaldo de Bullrich no disminuye, sino todo lo contrario. El Gobierno atraviesa un momento delicado: enfrenta la posibilidad de una recesión técnica, el aumento de los índices de pobreza, la caída de la actividad productiva, el cierre de industrias y el deterioro del empleo. Como consecuencia, la imagen del Presidente muestra signos de estancamiento e incluso de retroceso según algunas mediciones. En ese contexto, Bullrich gana terreno simbólico: al posicionarse como una voz crítica dentro del propio espacio, no carga con los costos políticos que sí enfrenta el Ejecutivo. Los desmarques de la senadora se sucedieron a lo largo de todo el año y abarcan temas variados. Cuestionó a Luis Caputo por no anticipar el recorte presupuestario en el área de Discapacidad para 2027, se opuso a la reforma electoral impulsada por el oficialismo, planteó objeciones en torno a figuras como Manuel Adorni y rechazó la ley de Propiedad Privada tal como fue presentada. La semana más reciente sumó un nuevo capítulo: Bullrich se opuso al impulso de juicio político y jury contra las juezas Marta Pascual y Laura De Marinis, quienes habían fallado en contra del Régimen Penal Juvenil. Lo llamativo es que entre el planteo por Discapacidad y esta última polémica no pasó ni una semana, lo que marca una aceleración evidente en la frecuencia de los enfrentamientos. El propio Javier Milei pareció mandar una señal en una entrevista reciente cuando, sin mencionar nombres, advirtió que sus votantes no estarían dispuestos a apoyar a un 'sustituto de segunda calidad'. En el ambiente político, muchos interpretaron esa frase como una referencia directa a Bullrich y su eventual candidatura en unas primarias. No obstante, desde el entorno presidencial se encargaron de desmentir esa lectura y aclararon que el comentario apuntaba a otros dirigentes que también analizan postularse como alternativas externas al oficialismo. Mientras tanto, el asesor Santiago Caputo y su red de aliados en las redes sociales evitan atacar públicamente a la senadora. Incluso en reserva, sus colaboradores más cercanos suelen salir a defenderla. La estrategia parece ser la de contención antes que la de confrontación, al menos por ahora. El interrogante que flota en el ambiente político es hasta cuándo esa paciencia alcanzará para sostener una alianza cada vez más tensa y con fecha de vencimiento que se percibe cada vez más cercana.
   
     
 
 
 
 
 
 
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