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| lunes, 28 de septiembre de 2026 |
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Gobernadores, la pieza clave del juego de Milei
El Presidente necesita votos provinciales en el Congreso, pero cada acuerdo con un mandatario puede frenar el crecimiento libertario en su territorio.
Hay una ecuación política que el Gobierno de Javier Milei viene resolviendo en silencio: el Presidente requiere respaldo legislativo para avanzar con su agenda, y los gobernadores necesitan fondos y obras para sus provincias. Entre esas dos urgencias se está tejiendo una parte sustancial de la estrategia electoral de cara a 2027.
El debate sobre las chances de reelección de Milei suele girar en torno a dos polos: el propio Presidente y una oposición dura, frecuentemente encarnada en el kirchnerismo. A veces el blanco es Cristina Fernández, otras veces Axel Kicillof, quien ya se perfila como candidato. Sin embargo, hay un tercer actor que aparece con mucho menos protagonismo en esa discusión, pero que podría terminar siendo determinante: los jefes provinciales.
Para que Milei llegue a 2027 con chances reales de consagrarse en primera vuelta, necesita que se cumplan al menos dos condiciones: un peronismo fracturado y una economía que muestre señales claras de estabilidad. En ambos frentes, los gobernadores tienen mucho para decir. No es casualidad entonces que Diego Santilli haya iniciado una serie de encuentros con mandatarios provinciales apenas el Ejecutivo remitió el proyecto de Presupuesto al Congreso.
Las primeras reuniones incluyeron a los gobernadores de Catamarca, Corrientes, Salta y Tucumán. Cada uno llegó con su lista de pedidos: rutas, energía, transferencias de recursos y obras pendientes. El Gobierno, por su parte, buscó garantizarse el acompañamiento tanto en la discusión presupuestaria como en otras iniciativas legislativas prioritarias.
Desde la Casa Rosada admiten abiertamente que los gobernadores son indispensables para sumar votos en el Congreso. El motivo es concreto: gran parte de las bancas que el oficialismo necesita no responden a La Libertad Avanza sino a estructuras partidarias y territoriales de cada provincia.
El problema es que los gobernadores no forman un bloque homogéneo. Los hay aliados, dialoguistas y opositores, y varios pueden ocupar esos tres roles según el tema que esté en discusión. Pero la tensión más profunda aparece cuando un mismo mandatario es al mismo tiempo socio parlamentario del Gobierno y potencial adversario electoral del espacio libertario.
El caso de Gustavo Sáenz, gobernador de Salta, ilustra este dilema con claridad. Mantiene un vínculo fluido con el Ejecutivo nacional y sus legisladores pueden ser votos importantes para el oficialismo en el Congreso. Pero La Libertad Avanza tiene en Salta una candidata propia con peso real: la senadora nacional Emilia Orozco, una de las figuras libertarias con mayor presencia en la provincia.
Desde el entorno del Gobierno reconocen que una eventual candidatura de Orozco debe evaluarse en función del vínculo con Sáenz. El propio gobernador habría pedido que el Ejecutivo nacional bajara la tensión con ella. El dilema es evidente: Milei puede ceder terreno político ante Sáenz para asegurarse apoyo legislativo hoy, pero esa misma concesión puede tener un costo directo para el crecimiento de La Libertad Avanza en suelo salteño mañana. Y esa contradicción no es menor, porque el Presidente quiere ambas cosas al mismo tiempo.
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