viernes, 25 de septiembre de 2026
 
     
Comedores en La Matanza, al límite

El obispo de San Justo advirtió que la demanda alimentaria rozó los niveles de pandemia y que el narco avanza donde el Estado no llega.



Eduardo García, obispo de San Justo, pintó un panorama duro para La Matanza: la asistencia alimentaria volvió a niveles que se creían superados. El dato llegó horas después de que se confirmara que la pobreza alcanzó al 32,3% de la población durante el primer semestre del año, dejando a 15,5 millones de argentinos en esa situación. García recordó que antes de la pandemia los comedores de la zona asistían a unas 2.000 personas. En el peor momento de la emergencia sanitaria, ese número trepó a 22.000. Cuando se levantaron las restricciones, bajó a 18.000. Hoy, según el propio obispo, la cifra volvió a subir hasta las 21.000 personas. "Estamos igual que en la pandemia", sintetizó, describiendo una situación de vulnerabilidad que abarca familias, chicos y ancianos. El obispo lleva doce años viviendo en el centro de San Justo y dice que la cantidad de personas durmiendo en la calle creció de manera sostenida. Cada mañana, gente sin techo se acerca a buscar desayuno, ducharse o simplemente usar un baño. Para García, detrás de eso hay una ecuación imposible: sin trabajo no hay plata, y sin plata no se paga ni una pieza en alquiler. El deterioro también llegó a los sectores medios. En los colegios con cuotas bajas o directamente en cero, la morisidad se disparó. Hay familias que no pueden mandar a sus hijos ni a esas instituciones porque no tienen con quién dejarlos ni cómo darles de comer. "Los que eran clase media hace diez años, ahora son pobres", afirmó sin vueltas. Entre quienes llegan a los comedores, García describió un patrón que se repite: personas que no llegan a fin de mes, que no pueden pagar el alquiler, que se endeudan para comer y van arrastrando esa deuda de mes en mes. Contó que el día previo a la entrevista fue testigo de una escena en una farmacia: una jubilada le preguntó al empleado si podía pagar sus medicamentos en cuotas porque ya no le alcanzaba para afrontarlos de una sola vez. Muchas familias que antes jamás habían pisado un comedor hoy se acercan. Al principio, dijo el obispo, lo hacen con vergüenza. Después, con resignación. García reconoció que las organizaciones hacen lo que pueden para dar respuesta, pero advirtió que hay una parte de la realidad que se les escapa. "Hay todo un submundo que se maneja con otras coordenadas", señaló. Y fue directo al hablar de ese submundo: el narcotráfico funciona en los barrios como una red de contención paralela, que ofrece respuestas rápidas donde las instituciones no llegan. "En nuestros barrios, el narcotráfico es el pan nuestro de cada día", definió, dejando en claro que la crisis social no es solo económica, sino también una puerta abierta para que el crimen organizado gane terreno.
   
     
 
 
 
 
 
 
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