viernes, 25 de septiembre de 2026
 
     
Tregua tensa en el oficialismo libertario

La interna del Gobierno bajó el tono después de una semana de fuertes cruces. Una cena entre Karina Milei, Bullrich y Menem marcó el clima.



La interna dentro del espacio libertario encontró esta semana una pausa, aunque el tema sigue siendo moneda corriente en los pasillos y conversaciones de los dirigentes del oficialismo. La pregunta que circuló el miércoles por la tarde, cuando trascendió que la secretaria general de la Presidencia había convocado a una cena con senadores de La Libertad Avanza, era si Patricia Bullrich asistiría y si Martín Menem, uno de sus hombres de mayor confianza, estaría presente. La confirmación de que los tres compartirían la mesa generó comentarios entre los propios legisladores libertarios. Uno de los diputados que se identifica con el ala más dura del espacio interpretó la composición del encuentro como una señal de demarcación territorial. Sin embargo, una vez concluida la reunión, que se extendió por casi dos horas y media, los asistentes describieron un clima más relajado de lo que muchos esperaban. Desde el bloque libertario se encargaron de subrayar que todo había transcurrido sin sobresaltos. El contraste con la semana anterior fue notable. Cuando se presentó el proyecto de Presupuesto 2027, Bullrich había reaccionado públicamente con dureza al enterarse de cambios que no le habían sido comunicados y que alteraban negociaciones en las que venía trabajando. Apuntó contra figuras como el ministro de Economía Luis Caputo y el funcionario Diego Santilli, y protagonizó un episodio que tuvo amplia repercusión en redes sociales. En su entorno describen esa dinámica como un sube y baja permanente, y advierten que siempre se está a la espera del próximo momento de tensión. Desde el núcleo más cercano a Karina Milei tienen una lectura propia de la situación. Reconocen que no pasaron por alto el tono confrontativo que adoptó Bullrich durante esos días, pero sostienen que su estrategia deliberada es no alimentar el conflicto para no darle a la ministra de Seguridad un argumento para escalar o para presentarse como víctima de los ataques del sector oficial. En ese entorno admiten que Bullrich busca tensionar, pero que la convivencia es necesaria porque ella tiene valor político para el espacio, aunque la relación diste de ser armoniosa en determinados momentos. Las invitaciones para la cena del miércoles habían sido enviadas a principios de semana, lo que significa que Bullrich ya sabía que debería compartir mesa con la secretaria general incluso después de la reunión de Mesa Política del martes. Esa certeza de que el encuentro era inevitable probablemente contribuyó a que, desde más de un despacho, se aconsejara moderar el tono previo. En la reunión de la Casa Rosada, la charla fue distendiendo su tono a medida que avanzaba. Hubo un momento inicial en el que no pudo evitarse abordar lo ocurrido la semana previa. En ese tramo resultaron clave las intervenciones de Santilli y del secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández, quienes ayudaron a aliviar la tensión. Bullrich tuvo espacio para expresar su malestar ante el grupo y se acordó que las críticas internas se canalizarían de manera reservada, sin hacerlas públicas. Entre los estrategas del Gobierno hay una evaluación matizada sobre el episodio de la semana pasada. Consideran que Bullrich acertó en el fondo al señalar que el Gobierno se había equivocado con los cambios vinculados a discapacidad, pero entienden que las formas utilizadas en redes sociales no generaron una conversación favorable para el oficialismo. En el sector de la ministra piensan exactamente lo contrario: que logró instalar un debate en un tema sensible, diferenciándose del Gobierno en un punto que le permitió mostrar perfil propio, y que esa capacidad de marcar agenda es precisamente lo que la consolida como figura política de peso dentro y fuera del espacio libertario.
   
     
 
 
 
 
 
 
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