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| domingo, 13 de septiembre de 2026 |
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Trump, ¿mediador en Malvinas?
El presidente de EE.UU. advirtió sobre un posible conflicto y se ofreció a intervenir; el Gobierno argentino analiza la opción con atención.
Donald Trump prendió una luz de alarma esta semana al referirse a la disputa entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas. Desde Dublín, donde mantuvo un encuentro con el primer ministro irlandés Micheál Martin, el mandatario estadounidense calificó de 'desastre potencial' cualquier enfrentamiento armado entre ambas naciones y dejó abierta la puerta a una posible mediación si las dos partes se lo solicitaran. 'Probablemente sería capaz de solucionarlo', llegó a decir.
En la Casa Rosada las palabras no cayeron en saco roto. Desde Presidencia reconocieron abiertamente que los dichos de Trump 'siempre son importantes' y confirmaron que la posibilidad de una mediación norteamericana forma parte de las alternativas que el Gobierno tiene sobre la mesa para avanzar hacia lo que definen como un 'diálogo sincero' con Londres. 'Está todo en evaluación', dijeron voceros oficiales.
Trump también hizo una lectura sobre la capacidad militar británica que resonó en Buenos Aires. Señaló que el Reino Unido enfrenta serios problemas internos —migración, energía, economía— que podrían limitar su disposición a proyectar fuerza a miles de kilómetros de distancia, como lo hizo durante la guerra de 1982. El tono no fue muy distinto al que usó Javier Milei hace una semana en cadena nacional, cuando describió a Gran Bretaña atravesando 'múltiples crisis de carácter migratorio, demográfico y económico' y pronosticó un camino de declive para ese país frente a un futuro argentino que, según él, 'va a prevalecer'.
Estas declaraciones se producen en medio de una intensa reactivación de la política exterior argentina en torno a Malvinas. El 4 de septiembre, Milei presentó un paquete de medidas concretas: reglamentó sanciones contra empresas que extraigan hidrocarburos en la zona sin autorización estatal, reforzó el presupuesto de Defensa y anunció el proyecto de una Base Naval Integrada en Ushuaia.
Dos decretos formalizaron parte de ese esquema. Uno de ellos designó a la Cancillería como autoridad de aplicación de la ley que establece penalidades para la exploración o explotación de recursos naturales en la plataforma continental argentina sin permiso del Estado. Los organismos alcanzados tienen cinco días hábiles para informar posibles incumplimientos. Días después, el propio Milei confirmó que ya se habían iniciado procesos sancionatorios contra 60 empresas y personas con actividad directa o indirecta en la cuenca Malvinas.
La agenda oficial contempla además un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, orientado a ampliar las sanciones existentes y crear un Consejo de Seguridad Nacional.
Esta semana se sumó otra pieza al rompecabezas: un nuevo decreto creó dentro de la Cancillería el Sistema de Articulación de la Política Exterior, un área específicamente diseñada para coordinar las acciones de todos los organismos estatales que puedan tener incidencia en el reclamo sobre las Islas Malvinas, las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. Cada organismo deberá designar un enlace institucional para canalizar información hacia el Ministerio de Relaciones Exteriores.
El cuadro que emerge es el de un gobierno que avanza en paralelo por varios carriles: sanciones económicas, fortalecimiento militar, reorganización diplomática y ahora la posibilidad de sumar a Washington como actor en la disputa. La pregunta que queda abierta es si Trump, con su estilo impredecible, puede convertirse en un factor real de presión sobre Londres o si sus palabras en Dublín fueron apenas una de tantas declaraciones espontáneas sin seguimiento concreto.
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