lunes, 7 de septiembre de 2026
 
     
Colapinto: llanto y corazón

El piloto remontó en Monza pero su error lo hizo estallar en llanto.



Franco Colapinto es un apasionado del automovilismo en el sentido más profundo de la palabra. Desde chico, cuando vivía en Pilar y se escapaba a la biblioteca del colegio para buscar información sobre Juan Manuel Fangio, supo que las carreras eran su destino. Hoy, a los 23 años, ese amor sigue intacto y se expresa de la manera más humana posible: con lágrimas. Eso fue exactamente lo que pasó tras el Gran Premio de Italia, donde el bonaerense demostró que estaba en condiciones de pelear más adelante y la frustración de no haberlo logrado lo desbordó emocionalmente. En el circuito de Monza, el piloto argentino contó con ocho mejoras aerodinámicas en su Alpine A526, lo que le dio un salto de rendimiento importante y le permitió competir en posiciones más adelantadas que en carreras anteriores. Largó séptimo gracias a la penalización de Kimi Antonelli por cambio de motor en su Mercedes, y arrancó de manera explosiva. En los primeros metros ya se había metido en el tercer lugar, luego de superar nada menos que a Max Verstappen, el cuádruple campeón mundial. Sin embargo, en plena pelea por la parte delantera, Colapinto sufrió un trompo que lo devolvió hasta la decimosexta posición. Lo que vino después fue una demostración de carácter: remontó posición por posición, combinando agresividad con inteligencia. Un claro ejemplo fue el doble adelantamiento en pocos metros a Ollie Bearman y Gabriel Bortoleto. En total, ganó cuatro lugares en el arranque y otros siete tras recomponerse del error, sumando once posiciones a lo largo de toda la carrera. Terminó noveno y se llevó dos puntos, acumulando unidades en la mitad de los Grandes Premios disputados en 2026. El dato no es menor si se tiene en cuenta que su monoplaza sufrió daños en el piso producto del trompo, lo que hace aún más valorable la remontada. Esa capacidad de sobreponerse a la adversidad sin bajar los brazos hasta que cae la bandera a cuadros es, precisamente, lo que distingue a los grandes pilotos, algo que el propio Fangio solía repetir. Pero Colapinto sabía que tenía una oportunidad real de pelear más arriba, y esa conciencia fue la que lo golpeó al finalizar la carrera. Su ingeniero Stuart Barlow fue el primero en contenerlo y reconocer su trabajo. Aun así, al llegar a la zona de entrevistas, el piloto se quebró visiblemente. Reconoció que había desaprovechado una gran chance para él y para el equipo, que había cometido un error grave en medio de una carrera brillante, y que su obligación era aprender de eso. Tanta fue la emoción que el jefe de prensa del equipo debió pedir una pausa para que pudiera continuar hablando. Desde la cúpula del equipo también llegaron palabras de valoración. Flavio Briatore, figura clave de Alpine, destacó que ambos pilotos habían tenido un fin de semana sobresaliente y resaltó la remontada de Colapinto como una contribución fundamental para la escudería. Más allá del resultado, lo que Colapinto transmitió en Monza fue un mensaje poderoso: nunca rendirse. Ese espíritu que lo llevó a remontar once posiciones con el auto dañado es el mismo que inspira a miles de jóvenes que hoy corren en kartings por todo el país soñando con llegar adonde él llegó.
   
     
 
 
 
 
 
 
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