viernes, 4 de septiembre de 2026
 
     
Hamilton y su F40 en Monza

El piloto reveló la historia del Ferrari que durmió 30 años bajo una funda.



Lewis Hamilton apareció este jueves en el Autodromo Nazionale de Monza al volante de una Ferrari F40 restaurada, y en la conferencia de prensa previa al Gran Premio de Italia contó en detalle cómo fue el proceso de conseguir y recuperar ese auto que, según sus propias palabras, siempre fue el sueño de su vida. El británico explicó que llevaba tiempo rastreando un ejemplar que valiera la pena. No quería cualquier F40: buscaba uno auténtico, con kilometraje mínimo y sin retoques que alteraran su historia original. En los últimos dos años habían aparecido varios en subastas, pero ninguno lo convencía del todo. Alguno tenía la pintura rehecha, otro carecía de una historia concreta. Hasta que apareció el indicado. El auto que terminó comprando tenía un pasado tan particular como improbable. Su dueño original lo retiró directamente de la fábrica en Maranello, lo condujo hasta su garaje —apenas 69 kilómetros— y ahí lo dejó para siempre. Cubrió el auto con una funda y no volvió a encenderlo nunca más. Tan intacto estaba el vehículo que la puerta del acompañante jamás había sido abierta. Tres décadas de polvo acumulado y nada más. Antes de restaurarlo, Hamilton se tomó un tiempo para decidir qué hacer. La duda era legítima: ¿conservarlo como objeto de culto sin tocarlo, o devolverle la vida para poder manejarlo? Optó por lo segundo. Lo hizo repintar y lo preparó para rodar. La decisión de llevarlo a Monza también tuvo su lógica. Hamilton razonó que ningún piloto de Ferrari había llegado jamás a una carrera a bordo de uno de los autos más icónicos de la marca, como el GTO o el propio F40. Consideró que era una oportunidad única para rendir homenaje a la historia de la escudería en su propio país y en su propia pista. Pero la sorpresa mayor llegó durante el proceso de revisión mecánica. Cuando los técnicos desmontaron el motor para inspeccionarlo, descubrieron algo que Hamilton no esperaba: el número 44 estaba grabado en el bloque. El 44 es el número con el que el piloto compitió durante la mayor parte de su carrera en la Fórmula 1. La coincidencia lo dejó sin palabras. Según contó, les preguntó a los mecánicos si lo habían sabido de antemano, convencido de que no podía ser casualidad. Lo interpretó como una señal del destino. Desde el punto de vista mecánico, el auto también dio una grata sorpresa: a pesar de los treinta años de inactividad, prácticamente no hubo que reemplazar componentes. Todo seguía funcionando como el primer día. Hamilton también habló del peso que le da al legado histórico de Ferrari más allá de las pistas. Afirmó que ser parte de esa marca es una experiencia que trasciende el deporte, y que el color rojo, el logo y los autos que la definen generaron un vínculo emocional con personas de todo el mundo. Cuando un directivo del equipo le sugirió que la próxima temporada podría llegar en un Ferrari más moderno, Hamilton fue contundente: ningún auto actual se compara con el F40. Explicó que las líneas y las curvas de aquella época tienen una identidad irrepetible, y que ese auto rojo fue uno de los primeros que lo marcó de chico, cuando lo veía alineado entre los mejores del mundo y lo sentía inalcanzable. Hoy es suyo.
   
     
 
 
 
 
 
 
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