domingo, 30 de agosto de 2026
 
     
UCR juega sus bancas y complica al oficialismo

El bloque radical arriesga ocho de sus diez senadores en 2027 y eso ya condiciona el avance de la agenda legislativa libertaria.



La dinámica preelectoral, que en Argentina suele agitarse mucho antes de que los comicios estén a la vuelta de la esquina, comenzó a sacudir los cimientos sobre los que el oficialismo libertario construyó su sustento legislativo en el Senado. El fenómeno se hace evidente en la Cámara alta, donde la Unión Cívica Radical se convirtió en el aliado dialoguista imprescindible para que los proyectos del Gobierno lleguen a buen puerto. El problema es que ocho de sus diez senadores pondrán sus bancas en juego en 2027, lo que introduce una tensión creciente en cada votación, especialmente cuando las iniciativas generan efectos distintos según la provincia de origen de cada legislador. Este esquema de presiones no se limita al bloque radical. El PRO, que cuenta con apenas tres integrantes en la Cámara alta, y los distintos sellos provinciales que operan como actores independientes también modulan su comportamiento según el viento que sopla en sus distritos y según las necesidades políticas de sus gobernadores. En ese contexto, el contenido concreto de las leyes pasa a un segundo plano frente al cálculo electoral, una lógica que el propio Gobierno criticó públicamente pero a la que recurre cada vez que necesita sumar voluntades. La encargada de navegar ese pantano es la jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, quien representa a la Ciudad de Buenos Aires. Su tarea se complica porque abrir la agenda a los aliados dialoguistas no solo irrita a la Casa Rosada, sino que alimenta disputas entre los propios espacios que el oficialismo necesita para sesionar. Una trampa de difícil salida. Una señal concreta de esta tensión quedó en evidencia durante la votación de la ley de propiedad privada. En aquella jornada se pudo observar cómo algunos senadores cuyo mandato vence en 2027 cambiaban su posición en función de lo que harían sus compañeros de provincia, incluso a minutos de comenzar la votación en general. El episodio más llamativo involucró a un legislador radical y a otro del espacio macrista. Como finalmente el artículo en cuestión fue retirado antes de votarse, ambos pueden negar lo ocurrido sin consecuencias. En los últimos días también escaló el conflicto entre el sector azucarero y el complejo maíz-soja por una posible modificación en el esquema de corte de biocombustibles que beneficiaría a los primeros. La disputa amenaza con fracturar tanto al bloque radical como al kirchnerismo, cuyos integrantes defenderán los intereses productivos de sus provincias por encima de cualquier disciplina interna. Se habló de convocar comisiones en los próximos días para avanzar en un dictamen, pero la convocatoria formal todavía no se concretó. Tampoco avanzó la reglamentación de la ley de zonas frías, que ya obtuvo media sanción en Diputados y permanece cajoneada en el Senado. Esa demora genera rispideces al interior de varios bloques. Desde un despacho oficialista de peso se reconoció el dilema en voz baja: exponer a los aliados de siempre en un año en que muchos competirán por cargos o buscarán renovar sus bancas puede significar perderlos definitivamente. Fuentes de distintos sectores de la Cámara alta coinciden en que buena parte de los tropiezos legislativos del oficialismo responden a una ausencia de estrategia política por parte del Ejecutivo, que repite errores ya conocidos. Un episodio reciente con pliegos judiciales que el Gobierno tenía demorados graficó esa torpeza: aliados y algunos legisladores libertarios apuraron los despachos de mayoría, y el Ejecutivo respondió horas después con una maniobra que, lejos de mostrar habilidad, dejó al descubierto la falta de oficio a la hora de manejar los tiempos y las formas del juego parlamentario.
   
     
 
 
 
 
 
 
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