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| domingo, 23 de agosto de 2026 |
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Milei ante la prueba de fuego del Papa
El Gobierno tiene inquietud por el mensaje social de León XIV, cuya visita de 72 horas incluye paradas incómodas para la Casa Rosada.
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, tiene previsto reunirse esta semana en el Vaticano para terminar de definir los detalles de la visita de León XIV al país. El Papa realizará un recorrido intenso de 72 horas en territorio argentino, y Colombo llevará consigo un expediente detallado sobre la situación nacional para entregárselo en mano. El Sumo Pontífice ya cuenta con información precisa sobre el país, y además recibirá en la Santa Sede a dos de los principales dirigentes de la CGT, que formarán parte de una delegación internacional prevista para el mes que viene.
La Iglesia argentina deberá comunicarle a Roma qué actividades y lugares recorrerá León XIV entre Buenos Aires y Córdoba. La agenda implica un costo estimado de diez millones de dólares diarios y una comitiva de 85 funcionarios vaticanos, cuya confirmación se espera en las próximas semanas cuando una nueva delegación proveniente de Roma llegue al país. La logística es compleja: el Papa tiene previsto trasladarse exclusivamente por tierra en la capital y el conurbano bonaerense. El análisis de esos movimientos comenzó a mediados de semana en una reunión que Karina Milei encabezó en la Casa Rosada junto a autoridades de la Conferencia Episcopal. La hermana del Presidente prácticamente no tomó la palabra durante el encuentro, pero quienes participaron coincidieron en que el poder real del Gobierno pasa exclusivamente por ella. "Todo está concentrado en su figura", admitió un secretario de Estado presente en la cumbre. Junto a Karina opera Mara Gorini, su mano derecha, una funcionaria que ejerce una influencia determinante sobre buena parte del gabinete y que, según fuentes cercanas al Ejecutivo, tendrá un rol central en la cobertura y transmisión de la visita papal.
Javier Milei podrá atribuirse el mérito histórico de ser el primer mandatario desde Raúl Alfonsín en recibir a un jefe de Estado vaticano en suelo argentino. Sin embargo, en el interior del Gobierno existe una preocupación real por el tono del mensaje que traerá León XIV. El nuevo Papa sigue la línea pastoral de Jorge Bergoglio, con un fuerte acento en la justicia social y un rechazo explícito a los conflictos armados, en particular a la situación en Medio Oriente y a lo que el propio Francisco calificó en reiteradas ocasiones como genocidio en la Franja de Gaza. Ese posicionamiento choca frontalmente con el respaldo que Milei le ha brindado al Estado de Israel desde que asumió la Presidencia.
La visita representa para el Ejecutivo una prueba política de primer orden. Fuentes tanto oficiales como eclesiásticas señalaron que el Gobierno intentó promover que los actos del Papa tuvieran aforo limitado, pero la propuesta no prosperó. Entre las actividades confirmadas o en vías de serlo figuran una celebración multitudinaria en el Monumento a los Españoles sobre la avenida Libertador, una visita a la Casa Rosada para encontrarse con el Presidente, un homenaje a Francisco en la Catedral Metropolitana, un evento en la Universidad Católica Argentina, un encuentro con funcionarios y embajadores en el Palacio Libertad, una misa masiva que se desarrollaría en el estadio de River Plate, la celebración en la Basílica de Luján, la visita a Córdoba y una posible actividad en el penal de Devoto.
Pero hay una parada en particular que podría generar tensión adicional para el Gobierno: la visita al Cottolengo Don Orione, una institución ubicada en Claypole, en el territorio bonaerense, que trabaja por la inclusión de aproximadamente 400 personas con discapacidad. Meses atrás, la Conferencia Episcopal había reclamado formalmente por la demora en los fondos destinados a esa obra. Tras la apertura de una mesa de diálogo en el Ministerio de Salud y varias rondas de negociación, las deudas se regularizaron con atrasos de alrededor de 60 días, lo que las autoridades eclesiásticas consideraron dentro de los márgenes habituales del Estado. Esa regularización descomprimió el reclamo, aunque la parada papal en ese lugar seguirá siendo leída, inevitablemente, como un gesto de interpelación hacia las políticas sociales del Ejecutivo.
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