domingo, 16 de agosto de 2026
 
     
La derecha sin salida electoral

La pobreza, el desempleo y el endeudamiento afectan a casi dos tercios de los argentinos y complican el futuro político del oficialismo.



El modelo económico de corte liberal vuelve a mostrar su lógica histórica: mientras concentra beneficios en los sectores más privilegiados, expande la pobreza, el endeudamiento y la precariedad entre quienes menos tienen. Las promesas de recuperación, los anuncios de señales positivas y las proyecciones optimistas funcionan como un velo que oculta una realidad mucho más dura: la construcción deliberada de un país pensado para una minoría, a costa del deterioro progresivo de las mayorías. Resulta llamativo el tono de ciertos dirigentes que reivindican un modelo agroexportador del siglo XIX como si aquella Argentina hubiera sido un ejemplo de desarrollo genuino. Ese esquema se sostuvo sobre la concentración de la tierra, la dependencia comercial de potencias extranjeras y una pobreza estructural que jamás se resolvió. Ignorar que la Revolución Industrial y la construcción de sistemas democráticos transformaron al mundo no es ingenuidad: es una postura ideológica deliberada. Uno de los problemas más graves del presente es la situación de millones de personas atrapadas en deudas que contrajeron en un contexto en el que el propio Estado, para contener el precio del dólar, fijó tasas de interés con rendimientos extraordinarios. Calificar eso como un asunto entre privados, como lo hizo el titular del área económica, es una frivolidad inaceptable. Un Estado verdaderamente responsable debería establecer límites claros: ninguna entidad, pública o privada, debería poder más que duplicar la deuda original de cualquier ciudadano que recurrió al crédito para resolver una necesidad básica. Las mediciones de opinión, incluso las más favorables al Gobierno, coinciden en un punto: el oficialismo no tiene chances de imponerse en primera vuelta y menos aún en un ballotage. Ante ese panorama, el factor determinante podría no ser el voto ciudadano sino la presión de los mercados financieros, que en algún momento impondrán sus propias condiciones sobre el valor de la moneda. Ya comienzan a aparecer figuras del espacio liberal que tantean candidaturas presidenciales, señal de que los más atentos dentro del propio sector entienden que una reelección luce improbable. Así como la gestión anterior dejó al espacio nacional y popular en uno de sus peores momentos históricos, la administración actual parece encaminada a dejar al liberalismo en una situación igualmente comprometida. Para la derecha, recuperarse podría llevar años, salvo que sus eventuales sucesores cometan errores de magnitud similar, algo que hoy parece difícil de imaginar. La brutalidad del ajuste queda en evidencia en decisiones concretas: la disolución de coros infantiles de larga trayectoria no es ahorro, es destrucción cultural. El reparto desigual de fondos para obras viales, favoreciendo a provincias del norte por encima de Buenos Aires, responde a una lógica política de castigo que busca empobrecer al distrito más populoso del país para condicionar su comportamiento electoral futuro. Quienes hoy proponen eliminar la figura del gobernador o recurren a planteos cada vez más extremos demuestran, en el fondo, que son conscientes de su propio fracaso. Se trata de discursos cargados de agresividad e irracionalidad que revelan la desesperación de sectores oportunistas que supieron acomodarse al poder de turno y ahora comprenden que ese ciclo está llegando a su fin. El rey, efectivamente, está desnudo, y cada vez más argentinos pueden verlo con claridad.
   
     
 
 
 
 
 
 
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