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| domingo, 16 de agosto de 2026 |
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El peronismo unido: dudas que quedan en pie
El cónclave justicialista despejó el fantasma de la ruptura, pero dejó sin resolver preguntas clave de cara a las elecciones de 2027.
El peronismo dio una señal importante: sus principales referentes son capaces de sentarse en una misma mesa aunque las relaciones personales estén deterioradas y falte todavía un año para las elecciones. Sin embargo, la cumbre justicialista que reunió a Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y otros dirigentes de peso dejó más preguntas abiertas que certezas. Interrogantes que van a marcar el ritmo de la discusión interna del movimiento durante los próximos meses.
Entre las dudas que persisten, hay algunas de enorme peso político. ¿Las distintas corrientes del PJ van a resolver sus diferencias en una PASO o se animarán a una interna partidaria abierta? ¿Va a haber un encuentro entre Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner en los próximos meses? ¿Cómo se va a reencauzar el vínculo entre los Kirchner y el gobernador bonaerense? ¿Podrán construir una estrategia territorial común para articular acuerdos en las provincias que desdoblen sus elecciones?
Hay más incógnitas hacia el interior del mapa justicialista. ¿Cuándo y de qué manera el PJ va a encarar una negociación con los partidos provinciales que gobiernan distritos como Córdoba o Misiones? ¿Qué rol van a jugar los PJ provinciales que están en manos de sectores opuestos a la conducción kirchnerista del PJ Nacional? ¿Van a volver al esquema central del justicialismo los gobernadores de Tucumán, Osvaldo Jaldo, y de Catamarca, Raúl Jalil?
Lo que en cualquier otra fuerza política sería una reunión de rutina —dirigentes de un mismo espacio juntándose para trazar lineamientos legislativos y electorales— se convirtió en un acontecimiento de alto voltaje político. Eso dice mucho sobre el nivel de fragmentación que vivió el peronismo en los últimos tiempos. La desconfianza mutua, el miedo a la traición y la vigilancia permanente del adversario interno —que al mismo tiempo es un aliado necesario— siguen siendo parte del ADN de esa mesa de pesados.
Aun así, el encuentro disipó una duda que angustiaba a muchos dirigentes del llano: la unidad es posible. Ya sea mediante un consenso para acordar candidaturas, a través de una PASO o de una interna formal, ninguno de los presentes está dispuesto a lanzarse al ruedo electoral como una isla separada del resto. Las circunstancias pueden cambiar y alterar cualquier acuerdo, pero la fotografía del momento es alentadora para la oposición.
El hilo conductor que atravesó las cinco horas de reunión fue el acuerdo en torno a la idea de competir en una PASO. Ese consenso básico aleja el escenario más temido: un peronismo que llega fraccionado a las urnas. Todos los que estuvieron sentados en esa mesa demostraron disposición a acercar posiciones.
El senador José Mayans, titular del bloque peronista en el Senado y hombre con línea directa tanto con Cristina Fernández de Kirchner como con los gobernadores provinciales, fue claro al respecto tras participar del congreso del PJ en Formosa: el objetivo es construir la unidad de todo el movimiento justicialista de cara a las próximas elecciones, y este encuentro fue el puntapié inicial. Mayans trabaja en sintonía con Germán Martínez, que conduce el bloque de Diputados y es un experto en los laberintos de la negociación parlamentaria.
El desafío concreto es enorme. En los últimos cuatro meses del año, el peronismo deberá avanzar en definiciones antes de que el calendario electoral de 2027 —con elecciones nacionales y provinciales desdobladas— empiece a devorar los tiempos políticos con cierres de listas, presentaciones y candidaturas. La rosca interna y el ajedrez electoral están irremediablemente conectados, y lo que se resuelva —o no— en las próximas semanas va a dejar huellas profundas en el armado opositor.
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