domingo, 9 de agosto de 2026
 
     
Massa juega fuerte en la interna peronista

El exministro operó desde las sombras para hundir los capítulos clave del proyecto oficialista y ya piensa en la unidad electoral.



El peronismo celebró lo que consideró una victoria política relevante cuando el Senado desmembró el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada que impulsaba el Gobierno nacional. Lo que pareció una derrota del oficialismo fue, en realidad, el resultado de una intensa negociación que se desarrolló fuera de los reflectores, con llamadas telefónicas, presiones cruzadas y movimientos cuidadosos entre legisladores, gobernadores y referentes del espacio. En ese entramado apareció con fuerza Sergio Massa. El líder del Frente Renovador participó activamente de las conversaciones que terminaron inclinando la balanza en contra del proyecto original. Desde sus oficinas en Avenida Libertador, con el teléfono como herramienta principal, estuvo en contacto con senadores del bloque durante las horas previas a la sesión y a lo largo de todo el debate. Su objetivo era claro: evitar que prosperaran los capítulos vinculados a la extranjerización de tierras y al manejo del fuego, dos puntos que habían generado un rechazo masivo en la sociedad. Ese rechazo se amplificó notablemente gracias a la intervención de figuras del mundo artístico con millones de seguidores en redes sociales, como Lali Espósito, Tini Stoessel, Catriel y Emilia Mernes, quienes expresaron públicamente su oposición a esas medidas y contribuyeron a instalar el tema en la agenda popular. Massa se comunicó directamente con varios mandatarios provinciales para convencerlos de que acompañar al Gobierno en esos puntos era un error político y territorial. Habló con los gobernadores Gustavo Sáenz de Salta, Osvaldo Jaldo de Tucumán, Hugo Passalaqua de Misiones y Rolando Figueroa de Neuquén. El argumento que les acercó fue contundente: votar a favor de esos artículos implicaba resignar soberanía sobre territorios estratégicos de sus propias provincias, algo que no tenía sustento ni político ni social. Dentro del bloque peronista en el Senado, la cohesión fue clave. Los senadores José Mayans y Juliana Di Tullio estuvieron muy activos en la coordinación interna para sostener la postura del espacio y evitar fisuras. El resultado final mostró a un peronismo más ordenado de lo que muchos esperaban, con las distintas corrientes trabajando en la misma dirección dentro del recinto. Más allá de la batalla legislativa, Massa tiene la mirada puesta en el horizonte electoral. Está convencido de que el peronismo tiene condiciones reales para competirle a Javier Milei en las próximas elecciones, pero advierte que eso solo es posible si la dirigencia actúa con inteligencia y construye una propuesta que dialogue con las preocupaciones concretas de la ciudadanía. Un peronismo fragmentado, según su análisis, es un peronismo derrotado antes de empezar. Por ahora, Massa sostiene el perfil bajo que adoptó desde que el ciclo libertario tomó el poder en la Casa Rosada. No confirma ni descarta una candidatura propia para el año que viene. Pero quienes lo conocen aseguran que cuando llegue el momento de definiciones, va a estar en el centro de la escena. En el mientras tanto, su rol es el de articulador: tender puentes, acercar posiciones y mantener un canal de comunicación abierto en medio de las tensiones que sacuden al kirchnerismo. Un punto que Massa considera innegociable para cualquier construcción electoral viable es la participación de Cristina Kirchner. A su entender, un acuerdo amplio dentro del peronismo que no incluya a la expresidenta carece de la masa crítica necesaria para ser competitivo. Su peso simbólico y político sigue siendo determinante para una parte significativa del electorado peronista, y ninguna estrategia seria puede ignorar ese dato.
   
     
 
 
 
 
 
 
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