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| sábado, 1 de agosto de 2026 |
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UEFA va por los culpables
El fútbol europeo exige saber quién impulsó el plan secreto de la FIFA.
La cancelación del proyecto FIFA Forward Enterprise no cerró la controversia, sino que la profundizó. El organismo que agrupa a las federaciones de fútbol europeo emitió un comunicado en el que, si bien celebró la marcha atrás de la iniciativa, aprovechó para endurecer su postura contra la conducción de Gianni Infantino al frente de la FIFA y exigir que se identifique y responsabilice a quienes estuvieron detrás del polémico plan.
La propuesta, que contemplaba la venta de derechos comerciales y de organización de competiciones de la FIFA —incluyendo el Mundial— a inversores privados, había generado un rechazo inmediato y contundente desde Europa. El fútbol del viejo continente fue el primero en trazar una línea clara: ninguna selección nacional participaría en torneos organizados por la FIFA si el proyecto seguía en pie. Esa posición fue acompañada posteriormente por otras confederaciones, como Concacaf y la Confederación Asiática de Fútbol.
El golpe definitivo llegó cuando la Conmebol, una de las estructuras más influyentes del fútbol mundial, también se negó a respaldar la iniciativa. Sin ese apoyo, la FIFA optó por cancelar el proceso en cuestión de horas.
Pero el fútbol europeo no está dispuesto a dar vuelta la página tan rápido. En su comunicado, agradeció a hinchas, ligas, clubes, jugadores, federaciones y hasta jefes de Estado y primeros ministros que alzaron la voz contra el proyecto, y dejó en claro que lo ocurrido no puede quedar sin consecuencias: hay que saber quiénes diseñaron el plan, bajo qué condiciones y con qué objetivos, y esas personas deben hacerse responsables.
En ese sentido, el documento fue especialmente duro con el presidente de la FIFA. Recordó que cuando Infantino buscó el voto de las federaciones para acceder al cargo en 2016, prometió transparencia absoluta y aseguró que el dinero de la organización pertenecía a las federaciones y debía destinarse exclusivamente al desarrollo del fútbol. Según el fútbol europeo, ninguna de esas dos promesas fue cumplida: el acuerdo se gestó en secreto, sin ningún tipo de consulta, y las reservas del organismo —que superan los cinco mil millones de dólares— no se volcaron al beneficio del deporte.
La conclusión fue directa y sin matices: la conducción actual de la FIFA perdió la confianza no solo del fútbol europeo, sino de una parte muy significativa de la familia futbolística mundial.
Al mismo tiempo, el organismo continental anunció que en los próximos días comenzará a trabajar junto a sus federaciones miembro y en coordinación con otras confederaciones para analizar en profundidad cómo fue posible que un plan de estas características llegara tan lejos sin que nadie lo advirtiera a tiempo. El objetivo es diseñar mecanismos que impidan que algo similar vuelva a ocurrir. En ese proceso, aclararon, ninguna opción quedará descartada de antemano.
A pesar de la dureza del tono, el fútbol europeo dejó abierta la puerta al diálogo con la FIFA y el resto de las confederaciones, con la intención de proponer una nueva forma de distribuir los recursos del fútbol mundial de manera más justa, transparente y participativa.
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