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| sábado, 1 de agosto de 2026 |
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Milei avanza, pero la gente pide trabajo
El Gobierno apuesta a reformas económicas estructurales mientras la sociedad dejó de ver la inflación como su principal problema.
El Gobierno nacional cerró una semana agitada con la convicción de haber recuperado el rumbo político, luego de que el Presidente utilizara una cadena nacional para anunciar cambios profundos en la Carta Orgánica del Banco Central. Desde el entorno presidencial no hay dudas: la administración libertaria no tiene intenciones de moderar su programa económico ni de ceder ante las presiones del contexto. 'Va a seguir profundizando el camino trazado', resumió un funcionario cercano al mandatario.
El mensaje televisivo, que no llegó a los veinte minutos de duración, fue emitido una hora y media antes de un partido de fútbol de alto impacto y tuvo diversas interpretaciones. El Presidente presentó las modificaciones al ente monetario como las reformas estructurales más relevantes en casi un siglo, y las enmarcó en el objetivo de terminar con lo que definió como el financiamiento discrecional de la política. Sin embargo, dentro del propio oficialismo reconocieron que el contenido resultó difícil de traducir para el ciudadano común. 'Es técnicamente sólido y tiene peso institucional, pero no es sencillo que llegue a la mayoría de la población', admitió una fuente del equipo de gobierno.
Mientras tanto, las encuestas revelan un corrimiento importante en las preocupaciones de la sociedad. La inflación, que durante años dominó el primer lugar entre los problemas de los argentinos, fue desplazada por el empleo, la actividad económica y la pérdida del poder de compra de los salarios. Un relevamiento de julio indica que el 58% de la población identifica como su principal dificultad algún problema de índole económica: el 41% apunta a complicaciones laborales o vinculadas a su sector de actividad, mientras que solo el 17% menciona la suba de precios como preocupación central.
Esa caída en la percepción de la inflación como problema principal es notable si se considera que, a comienzos de 2024, casi tres de cada diez argentinos la ubicaban en el primer puesto de sus inquietudes. Según otra medición de junio de este año, el tema descendió hasta el puesto número doce en el ranking de menciones espontáneas, con apenas el 2% de las respuestas. Los datos sugieren que la sociedad ya no teme tanto a la escalada de precios como a quedarse sin trabajo o ver deteriorada su capacidad de generar ingresos.
Ese deterioro tiene una cara concreta en el sistema financiero. Según datos de julio, alrededor de 3,6 millones de personas son catalogadas como deudores sin posibilidad de recupero, es decir, individuos que acumulan más de un año de atraso en al menos una línea de crédito. Esa cifra duplica la registrada doce meses atrás y equivale al 17,2% del total de deudores del sistema financiero argentino, lo que refleja una aceleración preocupante en el endeudamiento de las familias.
A ese escenario se sumó una semana con turbulencias adicionales para el Ejecutivo. La tensión diplomática con Brasil se intensificó tras un cruce público entre el mandatario argentino y el presidente Lula da Silva, y la agenda internacional demandó buena parte de la atención presidencial. A eso se agregó una caída del 6,5% en el índice de confianza en el Gobierno que elabora mensualmente una universidad porteña, respecto a la medición de junio.
Aun así, desde la Casa Rosada sostienen que la secuencia de anuncios económicos de la semana, que incluyó la reforma del Banco Central y la adhesión de una empresa energética de peso al esquema de inversiones conocido como Super RIGI, marca una recuperación de la iniciativa política. El matiz que agregan es significativo: los mensajes están pensados principalmente para el mundo empresarial y financiero, ese segmento que toma decisiones de inversión y que, según el Gobierno, es el verdadero motor del modelo que busca consolidar.
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