martes, 25 de agosto de 2026
 
     
F-16 y radares: el nuevo escudo aéreo argentino

El jefe de la Fuerza Aérea explicó cómo funciona el sistema de vigilancia del espacio aéreo y el rol de los nuevos cazas en la detección de vuelos ilegales.



La Fuerza Aérea Argentina viene intensificando el control de su espacio aéreo ante el avance del tráfico ilícito. El brigadier general Gustavo Valverde, máxima autoridad de la fuerza, detalló los mecanismos de interceptación de aeronaves no autorizadas, la tecnología disponible y el proceso de incorporación de los flamantes F-16 como parte de un plan de modernización integral. Valverde fue claro desde el arranque al definir el rol institucional: la Fuerza Aérea no tiene como misión combatir el narcotráfico en sí mismo, sino defender el espacio aéreo nacional e intervenir ante cualquier aeronave que vulnere las normas de ingreso al territorio argentino. Cuando eso ocurre, el Comando Conjunto del Espacial —dependiente del Estado Mayor Conjunto— actúa para interceptar la nave, identificarla y obligarla a aterrizar o abandonar el país. Una vez en tierra, la intervención queda en manos de las fuerzas de seguridad, en coordinación con el Ministerio de Seguridad. Ese comando concentra prácticamente todos los recursos humanos y materiales de la fuerza, incluyendo una red de sensores y radares desplegados principalmente en el norte del país, junto con sistemas de armas listos para operar desde distintas posiciones estratégicas. No toda intercepción implica una actividad delictiva. Valverde aclaró que en muchos casos se trata de aeronaves fumigadoras o de aviones que presentaron su plan de vuelo fuera de término. El cruce entre el monitoreo en tiempo real y el trabajo de inteligencia permite distinguir cada situación y responder con precisión. El sistema de radarización nacional se apoya en dos tipos de tecnología. Los radares secundarios cubren todo el país y están orientados al tráfico aéreo comercial. Los radares primarios, de uso militar, se concentran en las zonas norte y sur del territorio. En ese marco, el Plan del Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial —conocido como SINVICA— ya completó su primera etapa y avanza en la segunda, con foco en la provincia de Buenos Aires y el litoral atlántico hacia el sur. Valverde también explicó que los radares operan en ciclos de mantenimiento preventivo, con pausas que van desde 24 a 48 horas hasta períodos de un mes, según el tipo de intervención necesaria. Para cubrir esas ventanas, la fuerza cuenta con una estructura escalonada: si una unidad queda fuera de servicio, otra cubre esa zona automáticamente. Además, se despliegan radares móviles para reforzar sectores considerados vulnerables y evitar que organizaciones criminales aprovechen cualquier brecha en el sistema. Desde diciembre del año pasado, la Fuerza Aérea sumó los primeros seis cazas F-16, con otros seis previstos para llegar en septiembre próximo. Valverde destacó que estos aviones son especialmente útiles para interceptar aeronaves ilícitas, tanto de baja como de alta performance. La incorporación llegó con presupuesto asignado, y el Ministerio de Defensa garantiza el flujo de recursos necesario para el sostenimiento operativo de toda la flota.
   
     
 
 
 
 
 
 
VER ARCHIVO DE NOTAS