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| miércoles, 29 de julio de 2026 |
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El crecimiento no llega al bolsillo
El politólogo Andrés Malamud advirtió que la nueva estructura productiva genera menos empleo estable y mayor precarización laboral.
La economía argentina exhibe una mejora en sus indicadores macroeconómicos: el Producto Bruto Interno crece y la inflación cede. Sin embargo, gran parte de la población no percibe ese avance en su vida cotidiana. El politólogo Andrés Malamud sostiene que el futuro político de Javier Milei depende, en buena medida, de si esa expansión logra traducirse en bienestar concreto para los ciudadanos.
Según el especialista, históricamente el crecimiento económico en la Argentina redundaba en mejoras palpables para la mayoría. Hoy esa ecuación se rompió. Aunque los números oficiales muestran expansión, el poder adquisitivo y la percepción de prosperidad siguen deteriorados. Malamud entiende que la acumulación de años de crecimiento sostenido podría eventualmente restablecer esa conexión, pero aclara que por ahora ese proceso no se está produciendo.
El analista señala que el fenómeno responde a un cambio profundo en la estructura productiva del país. La economía que hoy tracciona el crecimiento genera menos puestos de trabajo que la anterior. Y esto no es exclusivo de la Argentina: ocurre en todo el mundo. La industria pierde capacidad de absorber mano de obra, mientras el sector servicios avanza pero ofrece condiciones laborales más inestables y precarias.
Sectores como el de petróleo y gas, que lideran parte de la recuperación, tampoco crean empleo en la cantidad que se podría esperar. Para Malamud, no se trata de un fenómeno pasajero sino estructural. La automatización y las nuevas tecnologías están redefiniendo el mercado laboral a escala global, lo que se traduce en menos empleo formal y más precarización.
Sin embargo, el desempleo no explota de manera abrupta. El politólogo lo explica por la desaceleración demográfica: casi todas las economías del mundo están en declive poblacional, lo que reduce la oferta de trabajadores y evita que las tasas de desocupación se disparen, aun cuando se crean menos puestos.
En ese contexto, el sistema de contención social descansa sobre las provincias y los municipios. Malamud destaca que el Estado subnacional sigue funcionando como amortiguador: hospitales provinciales, municipales y nacionales continúan prestando servicios, lo que permite que muchas personas sostengan su vida cotidiana sin un empleo formal estable. Así, el ajuste que impulsa el gobierno nacional convive con estructuras estatales locales que siguen activas.
El analista observa que el Estado es cuestionado en el discurso nacional, pero no en el plano provincial ni municipal. Quienes recorren el interior del país encuentran las mismas estructuras políticas de siempre, con dirigentes que se revalidan electoralmente y mantienen su legitimidad territorial. Esa dualidad explica, en parte, por qué la crisis no deriva en un estallido social generalizado y por qué el crecimiento no impacta de forma homogénea en todas las regiones.
Sobre el escenario político, Malamud analizó la situación del peronismo y el rol del gobernador bonaerense Axel Kicillof. A su entender, Kicillof no disputa el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner sino que lo respeta y se acomoda a él. La estructura partidaria no genera competencia interna real y se sostiene en la permanencia de sus figuras históricas.
En cuanto al peso de la provincia de Buenos Aires en la política nacional, el politólogo traza una comparación ilustrativa: si antes el distrito funcionaba como un ancla que frenaba cualquier movimiento del conjunto del país, hoy opera más como un lastre que el resto puede dejar atrás mientras sigue navegando. La provincia, advierte, podría hundirse sin arrastrar necesariamente al resto de la Argentina en su caída.
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