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| martes, 28 de julio de 2026 |
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El PJ se unió contra Milei por Lula y el FMI
El peronismo cerró filas ante las críticas del Presidente a Brasil y la visita de la titular del Fondo, pese a mantener sus divisiones internas.
Al peronismo le cuesta enormemente ponerse de acuerdo. Sus distintas corrientes internas llevan meses sin poder trazar una hoja de ruta común de cara a las elecciones de 2027, y ni siquiera la oposición al gobierno de Javier Milei logra unirlos del todo. Sin embargo, cada tanto irrumpe algún acontecimiento externo que sacude la agenda y provoca una reacción casi automática en el campo opositor.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en los últimos dos días. Las declaraciones del Presidente contra el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la llegada al país de la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, funcionaron como un imán que acercó a las distintas familias del justicialismo en torno a un discurso público sorprendentemente uniforme.
El detonante principal fue que Milei llamó a Lula "ladrón" y "presidiario", afirmó que Brasil sufre el "riesgo Lula" de la misma manera que Argentina padece el "riesgo Kuka", y le pidió al candidato Flávio Bolsonaro que frenara "la basura socialista" en el país vecino. Las respuestas desde el peronismo no tardaron en llegar y fueron contundentes.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof salió a marcar posición de manera enfática. Sostuvo que la Argentina apuesta a la integración regional y respeta a las naciones hermanas, y subrayó que Brasil es el principal socio comercial del país. Advirtió que con ese tipo de provocaciones se ponen en riesgo inversiones, exportaciones, miles de puestos de trabajo y los intereses nacionales en su conjunto, y remató que la relación bilateral merece responsabilidad y no estridencias.
El espacio que conduce Sergio Massa también se expresó en la misma dirección. Desde ese sector remarcaron que de los vínculos con Brasil dependen numerosas pequeñas y medianas empresas, industrias y empleos argentinos, y advirtieron sobre la gravedad de desatar un conflicto diplomático con el socio comercial más importante del país. Plantearon que esa relación debe sostenerse sobre el diálogo, el respeto mutuo y una agenda orientada a la producción y el crecimiento con inclusión, y cuestionaron que el Gobierno privilegie la confrontación ideológica por encima de los intereses estratégicos de la Argentina.
La diputada provincial y referente de La Cámpora Mayra Mendoza fue más lejos en el tono y reivindicó la figura de Lula como dirigente sindical, como resistente durante la dictadura, como el mejor presidente en la historia de Brasil y como víctima de la persecución judicial. También destacó su vínculo histórico con el kirchnerismo.
El exgobernador sanjuanino Sergio Uñac apuntó que a los argentinos no les sirven las peleas ni las faltas de respeto hacia un país hermano y sostuvo que la política exterior debe ser seria, inteligente y responsable. Calificó de absolutamente irresponsable insultar a un aliado estratégico que es fundamental para el desarrollo de las economías regionales y para el trabajo de miles de compatriotas.
Desde el PJ Federal, el entrerriano Guillermo Michel aportó datos concretos: Brasil concentra el 14% del destino de las exportaciones argentinas acumuladas a junio de 2026, lo que lo convierte en el principal comprador de los productos que el país vende al mundo. Señaló que involucrarse en la elección interna de un país vecino y agredir a su presidente no solo es un error político sino también una torpeza que perjudica directamente a la industria y al trabajo argentinos.
La cordobesa Natalia de la Sota también se sumó al coro crítico y calificó los insultos de Milei como una conducta inaceptable e irresponsable que no representa al pueblo argentino. Sostuvo que el Presidente convirtió la violencia verbal en un método de hacer política, que ataca al adversario, degrada el debate democrático y reemplaza la seriedad institucional por la provocación permanente.
La llamativa coincidencia en los argumentos y en el tono entre espacios peronistas que habitualmente se miran con desconfianza dejó en evidencia que, cuando los temas tocan fibras vinculadas a la política exterior y a la economía real, el justicialismo todavía puede encontrar puntos de confluencia. Si esa unidad puede proyectarse hacia otros terrenos sigue siendo, por ahora, una incógnita.
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