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| martes, 25 de agosto de 2026 |
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Estabilizar no alcanza: el reto es crecer para todos
Un informe del ala intelectual del PRO advierte que la recuperación económica no llega a la mayoría y el endeudamiento familiar está en máximos de dos décadas.
Un documento elaborado por el espacio de pensamiento vinculado al PRO encendió luces de alerta sobre los límites del programa económico en curso: la estabilización macroeconómica lograda por el Gobierno nacional ya no es suficiente para revertir el daño social acumulado. El verdadero desafío, según el informe, es garantizar que los frutos del crecimiento lleguen efectivamente a la mayoría de la población argentina.
El trabajo, titulado 'Atrápame si puedes – Parte II', fue elaborado en parte por el ex ministro de Economía Hernán Lacunza, quien sostiene que el camino elegido para alcanzar los objetivos tiene consecuencias que no pueden pasarse por alto. El documento traza un diagnóstico crudo: la sociedad argentina quedó fragmentada entre quienes ya perciben cierto alivio, quienes todavía aguardan mejoras, quienes se adaptan como pueden y quienes sienten que el peso del ajuste recayó directamente sobre ellos. A esto se suma un dato preocupante: el endeudamiento de los hogares trepó a su nivel más alto en dos décadas, con tarjetas de crédito y préstamos personales que dejaron de ser un recurso excepcional para convertirse en un complemento habitual del salario para llegar a fin de mes.
Lacunza desarrolla en su columna un esquema conceptual según el cual cualquier programa de desarrollo sostenible requiere de tres pilares que funcionen de manera articulada: el económico, el social y el político. Cuando los tres se alinean, se genera un círculo virtuoso donde la estabilidad y el empleo se potencian mutuamente y producen respaldo ciudadano. Cuando alguno falla, el proceso se invierte: menos poder adquisitivo deriva en menor apoyo político, más presión sobre el tipo de cambio, tasas más altas y destrucción de empleo. El ex funcionario reconoce que el programa actual logró reducir la angustia cotidiana heredada de una inflación del 200% anual y apunta a encadenar dos años consecutivos de crecimiento. Sin embargo, advierte sobre una tensión estructural: los sectores que lideran la recuperación, como la agroindustria, la energía y la minería, generan apenas 250.000 empleos directos. En cambio, la industria manufacturera y la construcción, que son los grandes perdedores del modelo vigente, dan trabajo a casi cuatro millones de personas. El comercio urbano suma otros cuatro millones.
En materia de empleo, el balance entre 2023 y 2025 muestra estabilidad en términos de cantidad pero un claro retroceso en calidad. Se perdieron 310.000 puestos asalariados formales, se incorporaron 70.000 trabajadores informales y 300.000 cuentapropistas independientes, mientras que el salario real cayó un 3,5%. Lacunza distingue entre transformaciones que considera inevitables, como la apertura comercial, la reducción del tamaño del Estado o el avance tecnológico, y otras que no lo son. Entre estas últimas señala la casi duplicación del salario promedio medido en dólares, que pasó de 730 a 1.300 dólares desde mediados de 2024. Ante ese dato, el economista se pregunta si alguien puede creer seriamente que la productividad creció un 80% en apenas dos años, y advierte que ese encarecimiento golpea directamente la competitividad de la industria y la construcción, sector que perdió 60.000 puestos formales respecto de fines de 2023.
Respecto del ajuste del gasto público, el informe detalla que entre fines de 2023 y la primera mitad de 2026, los perceptores de la Asignación Universal por Hijo vieron duplicado su beneficio, pero los jubilados cobraron un 15% menos en términos reales, los empleados públicos un 17% menos y los docentes universitarios un 26% menos. La obra pública, por su parte, se desplomó un 80% y se ubica en mínimos históricos, representando apenas el 0,3% del PBI.
El ex ministro no elude la responsabilidad del ajuste: reconoce que era inevitable dada la herencia de una inflación del 211%. Pero advierte que la retórica de la casta, aunque políticamente eficaz, no resuelve por sí sola los problemas estructurales del Estado. Señala que quien verdaderamente destruye las instituciones públicas es quien las llena de nombramientos sin mérito y corrupción, pero que a la hora de sanear, el recorte indiscriminado no hace distinciones. Del otro lado de cada partida presupuestaria, recuerda, hay jubilados, docentes, médicos, fuerzas de seguridad y trabajadores estatales.
El cierre del trabajo es una advertencia que resuena con fuerza en el contexto político actual: Argentina protagonizó demasiados procesos que arrancaron con promesas y terminaron en fracaso. Que esta vez no se repita esa historia es, según Lacunza, el verdadero desafío pendiente.
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