martes, 28 de julio de 2026
 
     
Milei vs. Lula: algo más que ideología

La crisis diplomática entre Argentina y Brasil tiene raíces en la campaña de 2023, cuando Lula apoyó abiertamente a Massa para frenar al líder libertario.



La ruptura diplomática entre Argentina y Brasil que sacudió a la región esta semana no comenzó con los insultos que Javier Milei lanzó en un acto en San Pablo contra Luiz Inácio Lula da Silva y el ministro del máximo tribunal federal brasileño, Alexandre de Moraes. Tampoco nació con la decisión de Brasilia de llamar a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Glinternick Bitelli, la respuesta más severa del gobierno brasileño desde que el líder libertario asumió el poder. Para entender lo que pasó hay que retroceder casi tres años. A fines de agosto de 2023, apenas días después de que Milei se impusiera en las primarias argentinas y sacudiera al sistema político, Sergio Massa viajó a Brasilia para reunirse con Lula en el Palacio del Planalto. No fue una visita de cortesía. Fue un encuentro político con un propósito claro: coordinar esfuerzos para evitar que el candidato libertario llegara a la Casa Rosada. Según reconstrucciones de quienes participaron de esa reunión, Lula fue directo con Massa: le dijo que tenía que ganar y que para eso debía juntar votos, no dólares. En esa mesa estaban figuras que luego tendrían distintos destinos políticos: la entonces secretaria de Energía Flavia Royón, hoy senadora por Salta; el secretario de Industria José Ignacio de Mendiguren, a quien Milei acusó públicamente de ladrón en la Sociedad Rural; el secretario de Agricultura Juan José Bahillo, también senador actualmente; y Daniel Scioli, que era embajador argentino en Brasil y hoy ocupa la secretaría de Turismo del propio gobierno de Milei. Lo que siguió fue una colaboración más concreta entre el entorno del Partido de los Trabajadores y el equipo de campaña de Unión por la Patria. Si bien la estrategia oficial estaba en manos del consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, se sumaron referentes del PT como Edinho Silva, uno de los armadores clave del retorno de Lula al poder en 2022. Milei nunca olvidó ese capítulo. Durante la campaña y ya en el ejercicio de la presidencia, repitió en múltiples ocasiones que operadores vinculados al PT habían participado activamente en la campaña negativa en su contra, incluyendo, según su visión, las acusaciones más duras sobre su vida personal y su vínculo familiar. Lo volvió a mencionar días atrás en una entrevista desde el predio de la Sociedad Rural, con la misma intensidad que en 2023. Ese trasfondo personal y político explica, al menos en parte, por qué el enfrentamiento entre Milei y Lula excede el plano ideológico. Hay una enemistad que se construyó en plena campaña electoral y que nunca se disipó. A eso se le suma una disputa más amplia sobre el liderazgo regional y modelos de inserción internacional opuestos, que en el nuevo escenario global adquiere cada vez más relevancia. Una relación bilateral construida durante cuatro décadas sobre la base de intereses estratégicos compartidos quedó, al menos por estos días, subordinada a la lógica de las disputas domésticas de ambos países. El costo diplomático todavía está por verse.
   
     
 
 
 
 
 
 
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