martes, 25 de agosto de 2026
 
     
Peronismo: sobrevivir al segundo semestre

Las distintas facciones del PJ avanzan en sus apuestas electorales sin lograr coordinar una unidad que les permita enfrentar al oficialismo.



El peronismo atraviesa una etapa crítica en la que su principal objetivo no es ganar, sino no destruirse antes de llegar a la contienda electoral. La necesidad más urgente de la fuerza es cerrar el año sin una fractura definitiva y enviar alguna señal de que, cuando llegue el momento, primará la racionalidad política y la voluntad de construir un frente común. No se habla de imponer candidatos, sino de demostrar que todos están dispuestos a competir bajo un mismo paraguas. El primer semestre estuvo dominado por el enfrentamiento entre el kirchnerismo duro y el gobernador bonaerense Axel Kicillof. Con el correr de los meses, la ofensiva cristinista fue ganando terreno mientras Kicillof optó por el silencio como escudo. Esa estrategia de no responder pareció, paradójicamente, enfriar la guerra en lugar de agravarla. La relación entre ambas partes no tiene visos de reconciliación, pero el mutismo del gobernador funcionó por ahora como un freno a la escalada. En los dos lados de esa interna coinciden en que el objetivo central es derrotar a Javier Milei en 2027. Sin embargo, las disputas en torno al rol de Cristina Kirchner desvían constantemente esa discusión. En lugar de debatir qué proyecto político sostendrá las ambiciones del justicialismo, la conversación se centra en qué lugar ocupa la expresidenta. De ese círculo vicioso resulta difícil escapar. En un plano diferente, la pelea por la sucesión de Kicillof en la gobernación bonaerense tiene otra dinámica. Varios intendentes comenzaron a mostrar sus cartas con la expectativa de que el sillón de la Provincia vuelva a manos de un jefe comunal. La intendenta de Moreno, Mariel Fernández, organizó un acto en conmemoración del fallecimiento de Eva Perón con la intención de reunir a Kicillof y Máximo Kirchner en un mismo escenario. El intento de unidad fracasó: el gobernador confirmó que no asistirá. Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda, también dio el paso. Primero se tomó licencia de su cargo y luego comenzó a recorrer el territorio encabezando encuentros para hacer visible su intención de competir por la gobernación. Se espera que pronto se sumen Gabriel Katopodis y Federico Achával, dos dirigentes con peso propio que también tienen aspiraciones claras en esa dirección. Hasta el momento, la interna no rompió la convivencia necesaria entre los actores peronistas. La ausencia de candidatos fuertes del cristinismo en esa disputa mantiene una calma tensa pero funcional. Sin competencia directa, no hay motivos inmediatos para que el equilibrio se rompa. Aun así, desde ahora hasta el cierre de listas puede suceder cualquier cosa. El desafío, según admiten muchos dirigentes, es no llegar agotados al momento decisivo, algo complicado en medio del desorden que atraviesa el partido a nivel nacional. Mientras en territorio bonaerense predomina cierta tranquilidad, otras vertientes del peronismo avanzan con mayor definición. Sergio Uñac recorre el interior del país a pie para instalar su candidatura presidencial y darse a conocer en distritos donde los dirigentes nacionales raramente aparecen. El PJ Federal, por su parte, mantiene presencia pública con declaraciones sobre el rumbo que debería tomar el movimiento: equilibrio fiscal, renovación de liderazgos, impulso a las economías regionales y una primaria abierta para sostener la unidad en la diversidad. Tienen previstos actos en el norte y en el sur del país para mantenerse vigentes. Todos en ese espacio saben que, hacia fin de año, será inevitable ponerse de acuerdo en un nombre.
   
     
 
 
 
 
 
 
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