viernes, 24 de julio de 2026
 
     
La flota pesquera argentina, en la mira cibernética

Un encuentro en Mar del Plata expuso las graves vulnerabilidades digitales que enfrentan los barcos pesqueros nacionales ante ataques satelitales globales.



Desde el 28 de febrero de 2026, los capitanes que navegan por el Estrecho de Ormuz se topan con algo perturbador en sus pantallas: buques que aparecen circulando sobre tierra, cargueros que atraviesan aeropuertos y embarcaciones que parecen derivar sobre instalaciones nucleares. No se trata de errores técnicos. Son operaciones de interferencia satelital ejecutadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, que desde el inicio de su conflicto con Estados Unidos e Israel convirtió ese corredor estratégico —por donde pasa el 20% del petróleo y gas del planeta— en el primer escenario real y documentado de guerra híbrida marítima a gran escala. Ese fenómeno, que podría parecer lejano, tiene implicancias directas para la Argentina. Durante las Jornadas de Intereses Marítimos Argentinos celebradas en Mar del Plata, el capitán Jorge A. Frías, secretario general de la Asociación Argentina de Capitanes, Pilotos y Patrones de Pesca y presidente de la Fundación Centro de Estudios Superiores del Mar Argentino (FUNCESMAr), advirtió que la flota pesquera nacional enfrenta las mismas vulnerabilidades y que el país todavía no cuenta con un marco normativo que las aborde de manera integral. Los expositores organizaron el análisis en torno a tres ejes de origen naval hoy aplicables al sector pesquero: la información, la tecnología y las personas. La información es el activo central. Las decisiones de navegación y de pesca ya no dependen únicamente del criterio del capitán, sino de un flujo constante de datos como el Sistema de Identificación Automática (AIS) y mecanismos de trazabilidad basados en tecnología blockchain. En términos sencillos, el blockchain es una base de datos distribuida que, en lugar de concentrarse en un servidor único, se replica de forma simultánea en miles de computadoras conectadas en red. En el sector pesquero, esta tecnología permite registrar y verificar cada etapa de la cadena: desde dónde y cuándo se realizó la captura, hasta el procesamiento y la comercialización del producto. Cada dato queda grabado de forma permanente e inalterable. Sin embargo, el capitán Frías señaló un punto crítico al que llamó el problema del oráculo: el blockchain puede garantizar que un dato no fue modificado luego de ser registrado, pero no puede asegurar que ese dato fuera verdadero desde el momento en que se ingresó. Si una embarcación pesca en una zona vedada del Atlántico Sur y su sistema de posicionamiento fue manipulado mediante spoofing —una técnica que consiste en falsificar señales satelitales para que el receptor las tome como legítimas—, la posición falsa queda grabada en la cadena con la misma solidez que una real. El certificado de origen que se genera es formalmente correcto pero fraudulento en su contenido. Esto convierte a la integridad de la señal satelital en la piedra angular de todo el sistema de trazabilidad, independientemente de cuán robusta sea la tecnología que lo sostiene. Los especialistas también remarcaron que cada sensor y cada sistema automatizado a bordo representa una potencial puerta de entrada para actores maliciosos, a quienes Frías denominó sicarios cibernéticos. La creciente digitalización de puertos y embarcaciones transformó al ecosistema pesquero en un objetivo de alto valor estratégico, vinculado a grupos asociados con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. La manipulación de señales del sistema global de navegación satelital, conocida como GNSS spoofing, no compromete únicamente la seguridad de la navegación: según lo planteado en las jornadas, es también una herramienta técnica para encubrir pesca ilegal y cometer fraude en la certificación de origen, con consecuencias directas sobre la soberanía argentina en el Atlántico Sur. Frente a este escenario, los expositores fueron contundentes: la Argentina carece hoy de un instrumento que articule de forma coordinada la ciberseguridad marítima, la actividad pesquera y la defensa de sus intereses soberanos en el mar. Lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz no es una advertencia futura. Es una hoja de ruta de lo que puede ocurrir, y ya está ocurriendo, en aguas argentinas.
   
     
 
 
 
 
 
 
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