miércoles, 22 de julio de 2026
 
     
Messi lloró en la final

El detrás de escena de la derrota argentina ante España en New Jersey.



Lionel Messi no pudo contener las lágrimas al término de la final del Mundial. No fue el llanto de la celebración, como el que se le vio después de sus tres tantos ante Argelia o tras la épica vuelta olímpica frente a Egipto. Esta vez fue el llanto del dolor, el de quien carga sobre el pecho una medalla plateada cuando merecía la dorada, después de un torneo extraordinario en el que borró de un plumazo cualquier argumento relacionado con sus 39 años. Mientras caminaba hacia los vestuarios rodeado de sus compañeros, con fuegos artificiales y papelitos rojos y amarillos explotando a sus espaldas, el capitán no pudo evitar desviar la mirada hacia el podio donde España levantaba el trofeo que Argentina había soñado con recuperar. En las tribunas, los hinchas albicelestes también lloraban, pero cantaban. Cantaban con el alma. Dentro del vestuario del MetLife Stadium, la tristeza era colectiva. Fue el propio Messi quien tomó la palabra. No hubo análisis tácticos ni reproches. Su discurso giró en torno a dos conceptos centrales: el orgullo por lo que habían logrado y el agradecimiento hacia sus compañeros por el esfuerzo sostenido durante más de cincuenta días lejos de sus familias, con los cuerpos desgastados y varios jugadores arrastrando lesiones. Un camino que incluyó tres tiempos suplementarios y guiones épicos hasta el desenlace en la prórroga de la final. Solo dos de las 48 selecciones que participaron llegaron tan lejos. El propio entrenador del equipo confirmó después, ya en suelo argentino, que las palabras del capitán fueron profundas y que había poco más para agregar ante semejante magnitud de la tristeza. Notablemente, Messi no pronunció ningún mensaje de despedida de la Selección, lo que abre la puerta a que su historia con la camiseta celeste y blanca todavía tenga nuevos capítulos. Tras la final, el delantero viajó directamente a Miami junto a Rodrigo De Paul, sin sumarse al vuelo de regreso de la delegación a Buenos Aires. Este martes apareció en Rosario para visitar a sus padres Jorge y Celia, y a sus hermanos, antes de tomarse unos días de descanso y reincorporarse al Inter Miami. Pero las palabras en el vestuario no fueron las únicas que pronunció durante esa jornada. Desde que bajó del micro junto al plantel, sonriente, hasta el pitazo final, Messi habló en más de una oportunidad. El tramo que se volvió viral fue el de la arenga en el túnel previo al partido, que desató todo tipo de especulaciones y teorías que se desvanecen fácilmente al compararlo con actitudes similares del astro en otros encuentros de la Selección. Lo más íntimo, lo que hizo que varios jugadores llegaran a los pasillos del estadio con los ojos enrojecidos, ocurrió en el vestuario, lejos de las cámaras. Allí habló de los sacrificios, del sufrimiento compartido, de los problemas físicos que cada uno había superado para llegar a esa instancia. Y planeó en el ambiente, sin que nadie lo dijera en voz alta, que aquella podría haber sido la última vez de Messi en una Copa del Mundo. Ya con los botines puestos y la mente enfocada en el campo, el capitán había sido claro y simple: tranquilidad, nada más que jugar, olvidarse de todo lo demás. Una frase que resumió la filosofía con la que Argentina pisó la cancha en New Jersey.
   
     
 
 
 
 
 
 
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