martes, 25 de agosto de 2026
 
     
El Mundial dejó en llaga la comunicación oficial

Feriado anunciado y luego cancelado, gestos ignorados por la Selección y declaraciones desafortunadas del vocero dejaron al Gobierno en una posición incómoda.



El tramo final del Mundial de Fútbol dejó expuesta una serie de errores de cálculo político y comunicacional dentro del Gobierno nacional que generaron tensión y malestar en la Casa Rosada. Lo que comenzó como una intención de mantener el silencio y la prudencia terminó en una cadena de traspiés que el oficialismo reconoce, en voz baja, como un fracaso de estrategia. El equipo de comunicación venía de relanzar su esquema después de una etapa convulsionada y esperaba que el desenlace del torneo, sin importar el resultado, sirviera para insuflar optimismo en la sociedad. Sin embargo, la derrota en la final se combinó con una serie de movimientos en falso que potenciaron el golpe: primero la polémica por la bandera de Malvinas que desplegaron los jugadores, luego la confusión con un posible feriado y, finalmente, los gestos públicos del Presidente hacia la Selección que nunca fueron correspondidos. Dentro del Gobierno, sectores cercanos al poder pedían discreción total en los días previos al partido decisivo. La convicción era que cualquier declaración podía volverse en contra. Sin embargo, esa autocensura nunca fue total: mientras algunos llamaban a guardar silencio, otros vinculados al mismo espacio no dejaban de opinar públicamente en redes sociales. Tras la derrota y la marcha atrás con el feriado que el propio Javier Milei había anticipado a través de su cuenta en la red social X, el clima interno fue de resignación. Desde el entorno presidencial reconocieron que los intentos por frenar las declaraciones imprudentes no alcanzaron. Las críticas internas apuntaron también, aunque con mucho cuidado, hacia el propio Presidente. Sus intervenciones radiales tras los partidos, sus comentarios sobre la bandera malvinense y la oferta pública de la Casa Rosada como sede de festejos fueron vistas, dentro del propio oficialismo, como movimientos que no debieron realizarse, al menos no de esa manera y en ese momento. El anuncio anticipado del feriado generó una expectativa que luego no pudo concretarse, dejando a buena parte de la población confundida el lunes siguiente al partido. Fue, según coinciden en privado varios funcionarios, un error evitable que contradijo la premisa inicial de actuar con cautela. Para justificar los tropiezos, en el Gobierno señalaron que actuaron casi a ciegas porque la Selección nunca respondió a los numerosos guiños públicos que les hizo el jefe de Estado, incluso antes del inicio del torneo. El vínculo con la AFA fue prácticamente inexistente, aunque destacaron que hubo algún contacto puntual para coordinar la recepción en el Aeropuerto de Ezeiza. El rechazo más resonante fue la negativa implícita al ofrecimiento de la Casa Rosada como espacio de festejo. El Gobierno pareció asumir en todo momento que los jugadores querrían celebrar con la gente, independientemente del resultado, algo que nunca ocurrió. Cuando se confirmó que figuras como Lionel Messi y Rodrigo De Paul no regresarían al país, la Casa Rosada debió dar marcha atrás con todo: incluso los funcionarios de menor rango fueron apartados del operativo de recepción en Ezeiza. A este cuadro se sumaron las declaraciones del nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, quien utilizó el término 'bananero' en relación a la Argentina. La palabra generó revuelo y Ravier debió salir a aclarar públicamente que no considera al país como tal, argumentando que sus palabras fueron descontextualizadas. Sin embargo, desde el interior del propio Gobierno reconocen que nunca debió haber usado esa expresión, independientemente del contexto en que fue pronunciada.
   
     
 
 
 
 
 
 
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