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| lunes, 20 de julio de 2026 |
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El Gobierno apuesta al fútbol y al Papa
La Casa Rosada confía en que la euforia mundialista y la visita papal sostendrán el humor social en un año electoral complicado.
En el entorno del Presidente hay una certeza que se repite en los pasillos: el buen clima que generó el Mundial no se va a evaporar el día después de la final contra España, gane o pierda la Selección. La estrategia oficial apuesta a que ese estado de ánimo colectivo se extienda en el tiempo, al menos hasta que se confirme oficialmente la visita del Papa León XIV al país, algo que desde Cancillería estiman que ocurrirá a fines de julio o a más tardar a principios de agosto. El requisito previo es que el Vaticano designe a su nuevo representante en Argentina, un trámite que consideran inminente.
Esta lectura optimista no es casual. El Gobierno atraviesa un momento delicado en materia de imagen pública, golpeada por el escándalo de corrupción que involucró al ex jefe de Gabinete y que generó un deterioro en las encuestas del que todavía no logran recuperarse. El dato de inflación por debajo del dos por ciento, difundido la semana pasada, fue pensado como un impulso anímico, pero no tuvo el efecto esperado. En ese contexto, los eventos internacionales de gran escala aparecen como una oportunidad para oxigenar el ambiente político antes de las elecciones.
Lo que más preocupaba en la cúpula oficial eran dos escenarios negativos: que la Selección quedara eliminada en las primeras fases del torneo y que el Papa postergara o cancelara su visita. El primero de esos temores quedó atrás. El segundo está en vías de resolverse.
En el plano futbolístico, el Gobierno reconoce en privado una incomodidad: la mala relación con la conducción de la Asociación de Fútbol Argentino le impidió al Presidente participar del sorteo del Mundial. También enfrentan con aparente indiferencia la posibilidad de que los jugadores rechacen la invitación a visitar la Casa Rosada, y las declaraciones de Lionel Messi sobre el sufrimiento de la gente, que la oposición kirchnerista leyó como una crítica a las políticas del Gobierno.
Sin embargo, la decisión oficial es sostener a cualquier precio un vínculo amigable con el plantel y el cuerpo técnico. Por eso, cuando Messi habló, la respuesta oficial fue de adhesión y no de confrontación. "El Presidente defiende a Messi desde 2010", repiten en el entorno presidencial para justificar esa postura.
El operativo de bienvenida a los jugadores se diseña con sumo cuidado para no pisar ningún callo. Hay una complicación adicional: los propios futbolistas le hicieron saber al Presidente que no van a tomar decisiones sobre actos o apariciones públicas hasta conocer el resultado de la final.
Pese a toda la incertidumbre, en el Gobierno están convencidos de que el resultado deportivo no cambia su posición política. Si Argentina gana, celebran junto al resto del país. Si pierde, recibirán al equipo con honores y agradecimiento. En cualquier caso, lo que más valoran es que el fútbol corrió a la política a un segundo plano, lo que les dio un respiro en semanas que de otra manera habrían sido mucho más turbulentas.
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