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| lunes, 20 de julio de 2026 |
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El Senado vuelve a fallar y los aliados pierden la paciencia
La postergación de la ley de propiedad privada expuso peleas internas, mensajes de Villarruel y cruces con Bullrich que tensaron al oficialismo.
El bloque oficialista sufrió otro tropiezo en el Senado la semana pasada al no poder avanzar con la iniciativa de propiedad privada que impulsa el Ejecutivo. Lejos de ser un problema menor, la situación dejó en evidencia que los inconvenientes legislativos del Gobierno van mucho más allá de la salida del cuestionado ex jefe de Gabinete Manuel Adorni. La oposición dialoguista, indispensable para sostener cualquier mayoría en la Cámara alta, comenzó a mostrar señales claras de hartazgo.
"No se trabaja así", disparó un referente del Senado. Ya no con resignación, sino con enojo genuino. Desde otro despacho de peso remarcaron que el proyecto acumula cerca de quince o dieciséis versiones distintas desde que se firmó el dictamen en mayo, y que los votos siempre estuvieron muy ajustados. "Hubo senadores que avisaron con anticipación que no iban a concurrir. Todos lo sabían, incluida la propia conducción oficialista. Estuvieron a punto de hacernos quedar mal y nosotros no somos empleados de nadie", señalaron desde ese sector.
La primera señal de que algo iba a salir mal apareció cuando, en la reunión de Labor Parlamentaria, se confirmó tanto la sesión del jueves como otra para el 6 de agosto, después del receso. Ese segundo encuentro será la continuación del cuarto intermedio que se votó días atrás, una salida de emergencia que encontró Patricia Bullrich para evitar una derrota vergonzosa en el recinto. La ministra optó por frenar antes de consumar el papelón.
El jueves no empezó bien. Varios senadores dialoguistas le sugirieron a Bullrich que devolviera el proyecto a las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Legislación General para reelaborarlo desde cero. Ella no los escuchó. Al mismo tiempo, la vicepresidenta Victoria Villarruel estuvo activa enviando mensajes a legisladores para que no apoyaran el texto, en particular el capítulo referido a la venta de tierras a extranjeros, que en su visión implicaba una cesión inaceptable del territorio nacional.
El choque entre Bullrich y Villarruel fue evidente y terminó de la peor manera posible: con la filtración de conversaciones privadas. En los pasillos del Senado, la mayoría de las fuentes consultadas apuntó al mismo origen sin vacilar. "Es una asquerosidad. Después hablan de república e instituciones", afirmó un legislador radical. Desde el Ejecutivo, en tanto, observaron el entredicho a distancia y con cierta comodidad, como si se tratara de una disputa ajena entre dos figuras que claramente tienen ambiciones políticas propias.
También circularon durante la semana una serie de críticas encubiertas hacia una de las protagonistas, provenientes del lado de Diputados y atribuidas al entorno de un legislador cercano al mileísmo. Los niveles de resentimiento interno están elevados y, en el esquema actual, traicionar parece tener menos costo que tolerar. "Una locura todo lo de estos días", resumió una fuente que siguió de cerca la agitada semana parlamentaria previa al receso.
Con la calma que llegó entrada la noche del jueves, los sectores con más experiencia comenzaron a bajar la tensión. Reconocieron que la vuelta de tres aliados en agosto alcanzaría para destrabar la ley de propiedad privada. Los antecedentes no son del todo alentadores, pero el oficialismo mantiene expectativas. Para la sesión del 6 de agosto también estaría prevista la sanción de la llamada ley Hojarasca, que elimina normativa obsoleta. Y se evalúa avanzar con un proyecto que penaliza las denuncias falsas, impulsado por la senadora radical Carolina Losada de Santa Fe, aunque se anticipa que generará una fuerte controversia en el recinto.
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