martes, 25 de agosto de 2026
 
     
El Gobierno apuesta al Mundial y al Papa

Casa Rosada confía en que la euforia futbolera se prolongará hasta que se confirme la visita de León XIV al país.



Desde el Gobierno nacional miran con optimismo el escenario que se abre una vez finalizado el Mundial, independientemente de lo que ocurra en la final frente a España. La lectura interna es que el buen humor social no va a desaparecer con el cierre del torneo, sino que se sostendrá en el tiempo. La apuesta es que ese clima festivo se extienda al menos hasta que el Vaticano confirme oficialmente la visita del Papa León XIV a la Argentina, algo que fuentes de la Cancillería sitúan como máximo a fines de julio o principios de agosto. Esta lectura optimista sobre el impacto de los grandes eventos internacionales no es casual. Nace de una preocupación concreta: recuperar terreno electoral tras el daño que generó el escándalo de corrupción que terminó con la salida del ex jefe de Gabinete. Las encuestas internas muestran que la imagen del Ejecutivo aún no logró volver a los niveles previos a esa crisis, y cada indicador positivo es analizado con lupa. El dato de inflación por debajo del dos por ciento, difundido la semana pasada, fue presentado como una señal alentadora, pero no tuvo el efecto esperado en la opinión pública. El Mundial, en cambio, logró lo que los números no pudieron: poner a la política en segundo plano. Para que la visita papal pueda anunciarse formalmente, el Vaticano debe designar primero a su nuevo representante en el país, condición indispensable para avanzar en la organización del operativo. Esa designación está pendiente y es seguida de cerca por la Cancillería. En el plano futbolístico, el único punto oscuro que reconocen puertas adentro es el vínculo deteriorado con la Asociación del Fútbol Argentino, que le impidió al Presidente participar del sorteo del torneo. Aun así, el Gobierno decidió apostar a mantener una buena relación con la Selección y con sus figuras, incluso frente a señales de distancia por parte de los jugadores. Las declaraciones de Lionel Messi sobre el sufrimiento de la gente fueron leídas por la oposición kirchnerista como una crítica implícita al rumbo económico, pero desde el oficialismo optaron por no confrontar y respaldaron públicamente al capitán. La estrategia es clara: evitar cualquier roce con la Scaloneta. Por eso el operativo de bienvenida al regreso del equipo se está diseñando con sumo cuidado. Los propios jugadores, según trascendió, pidieron no dar definiciones sobre actos o visitas institucionales hasta conocer el resultado de la final. Ese resultado, admiten en el Gobierno, ya no cambia demasiado el cálculo político. Si Argentina se corona campeona, la celebración será total. Si cae ante España, la lectura oficial es que nadie saldrá enojado y que la Selección igualmente será recibida como heroína. En cualquier caso, el objetivo es el mismo: que la energía colectiva generada por el fútbol sirva de puente hacia el próximo gran acontecimiento, la llegada del Sumo Pontífice, y que ambos eventos juntos apuntalen el ánimo social de cara al año electoral.
   
     
 
 
 
 
 
 
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