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| viernes, 17 de julio de 2026 |
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Messi doblegó a Inglaterra
Una columna inglesa retrató su genialidad en la remontada del 2-1.
Argentina venció 2-1 a Inglaterra en Atlanta y se clasificó a la séptima final de su historia en los Mundiales. El partido, lejos de ser un trámite, requirió una remontada épica en apenas seis minutos, protagonizada casi en su totalidad por Lionel Messi. El capitán de 39 años, una vez más, fue el eje que inclinó la balanza cuando el equipo más lo necesitaba.
Un reconocido columnista deportivo inglés dedicó una extensa columna de opinión para analizar lo sucedido en el estadio de Atlanta, donde presenció el partido en primera persona. El texto arranca con una premisa que funciona como disparador: luchar, buscar, encontrar y no rendirse. Eso fue, en esencia, lo que hizo Argentina. Y lo que hizo Messi.
El análisis no esquiva las críticas hacia el seleccionado inglés. Harry Kane, según el cronista, prácticamente se limitó a hacer cardio liviano durante la mayor parte del encuentro. El único destello de lucidez del equipo fue el gol de Anthony Gordon a los 55 minutos, que puso a Inglaterra en ventaja y pareció encaminar el resultado hacia una eliminación argentina.
Pero entonces entró Messi. El columnista describe ese momento como uno en el que el tiempo parece correr al revés: el estadio cambia de energía, el ambiente gira por completo alrededor de esa figura encorvada vestida de azul oscuro que, desde un trote pausado, comenzó a hacer daño. A acortar distancias. A torcer el partido a su favor.
Fue Messi quien habilitó a Enzo Fernández para el golazo del empate a los 84 minutos. Y fue él quien protagonizó la jugada del 2-1: recuperó la pelota tras un remate de Alexis Mac Allister que pegó en el poste, avanzó y sacó un centro milimétrico con la derecha, su pierna menos hábil, que encontró el cabezazo sin marca de Lautaro Martínez.
El cronista describió ese centro como si alguien explicara con paciencia y claridad un problema matemático. El balón quedó suspendido en el aire por un instante, una esfera blanca y suave, mientras todos los presentes en el estadio anticipaban lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera. Todos, por un momento, se convirtieron en Messi.
El cabezazo de Lautaro no hizo más que confirmar lo que ya se percibía desde que Messi comenzó a sentir que los obstáculos desaparecían y que era el momento de aplicar toda su fuerza. Inglaterra, que se había acobardado tras el empate, quedó deslumbrada y finalmente borrada por una forma de genio deportivo que, incluso en sus días más tranquilos, termina siempre por encontrar el camino.
El columnista cerró su texto con una imagen poderosa: tras el pitido final, Messi seguía caminando, buscando espacios, esquivando los cuerpos tendidos de sus compañeros en el festejo, con ambos puños en alto. Sin detenerse. Como si el partido todavía no hubiera terminado para él.
Su ventaja sobre el resto, según el cronista inglés, siempre fue la misma: Messi puede jugar con Messi en cada partido. Y eso, a los 39 años, en una semifinal mundialista, quedó demostrado una vez más.
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