martes, 25 de agosto de 2026
 
     
Milei busca paz entre las tribus del Gobierno

El Presidente distribuye gestos de equilibrio interno tras la última reorganización del Gabinete, que frenó la interna oficialista.



La última reestructuración del Gabinete nacional parece haber logrado lo que pocas veces se consigue en la política argentina: calmar las aguas internas de una coalición que venía mostrando sus tensiones con demasiada frecuencia. Cada sector del oficialismo tiene hoy un rol definido, con responsabilidades tanto formales como informales, y desde adentro del Gobierno sostienen que ese esquema no debería modificarse en el corto ni en el mediano plazo. Fuentes de peso dentro de uno de los dos sectores más influyentes del espacio afirman que, mientras cada actor se mantenga dentro de sus límites actuales, no habría razones para esperar nuevos conflictos ni cambios. El presidente Javier Milei está trabajando activamente para que esa sensación de equilibrio se proyecte también hacia afuera de la administración, minimizando el ruido político al máximo posible. Una de las señales más concretas de esa búsqueda de armonía fue la aparición en el balcón de la Casa Rosada, donde Milei se mostró junto a su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia, y luego convocó al frente al asesor presidencial Santiago Caputo y a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Quienes conocen el clima interno del poder ejecutivo interpretan ese gesto como un mensaje claro: el Presidente quiere tranquilidad. Con los movimientos realizados el mes pasado quedó establecido un reparto de poder bastante preciso. Karina Milei tendrá en sus manos la conducción de la estrategia electoral y la negociación política ejecutiva, mientras que Santiago Caputo continuará siendo el arquitecto del relato oficialista y mantendrá el control sobre áreas clave del Estado. En el entorno de Caputo habían encendido las alarmas cuando el sector de Karina impulsó a Juan Bautista Mahiques para ocupar el Ministerio de Justicia. El temor no era el nombre en sí, sino lo que esa movida podía habilitar hacia adelante. Por ahora, ese proceso está frenado. Nadie cree tener todas las cartas ganadoras, pero tampoco hay incentivos reales para seguir con la confrontación interna. Respecto a Bullrich, Milei dejó en claro que no tiene intenciones de que la ministra se aleje del proyecto político. Sin embargo, el sector de Karina logró un objetivo importante: empezar a participar en las negociaciones legislativas en el Senado. La jefa de bloque ya expresó internamente su rechazo a la propuesta de las listas colectoras y reconoció que los números para eliminar las PASO no están dados entre los senadores. El ala presidencial, en tanto, apuesta a las gestiones que puedan realizar el gobernador Santilli y el armador nacional Eduardo Menem, conocido como Lule. Esa arquitectura explica por qué en el Gobierno prefieren que las reformas legislativas ingresen primero por el Senado: el esquema combinado de Bullrich como termómetro interno y el tándem Santilli-Lule como negociadores funcionaría como filtro, de modo que cuando los proyectos lleguen a Diputados tengan más chances de ser aprobados. Otra señal del equilibrio buscado fue el acuerdo para que tanto la Secretaría de Vocería Presidencial, conducida por Adrián Ravier, como la Secretaría de Comunicación y Medios, a cargo de Fabián Fernández, dependan directamente de Presidencia de la Nación. Hubo quienes especularon con que la cartera de Fernández podría migrar desde Jefatura de Gabinete hacia la Secretaría General de la Presidencia, tal como ocurría cuando Manuel Adorni era subsecretario bajo la órbita de Karina. Eso no sucedió. Finalmente, Milei conserva su terreno exclusivo: la política económica. Ese espacio lo maneja de manera reservada y solo permite el acceso a equipos de su confianza. A comienzos de semana mantuvo un encuentro con el ministro de Economía Luis Caputo, reafirmando esa impronta personal sobre el área más sensible de su gestión.
   
     
 
 
 
 
 
 
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