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| viernes, 10 de julio de 2026 |
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Colectoras: la apuesta electoral de Milei
El oficialismo quiere eliminar las PASO y reponer las listas colectoras adaptadas a la Boleta Única de Papel para 2027.
El Poder Ejecutivo volvió a poner en el centro del debate la reforma del sistema electoral argentino de cara a los comicios de 2027, con un objetivo político claro: modificar las reglas del juego para facilitar la reelección de Javier Milei. La propuesta central del oficialismo pasa por eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias —las PASO— y reponer en su lugar un mecanismo que ya tuvo protagonismo en décadas anteriores: las listas colectoras, aunque esta vez adaptadas al formato de Boleta Única de Papel.
Este sistema consiste en permitir que distintas agrupaciones políticas presenten sus propios candidatos a cargos legislativos o locales, adhiriendo simultáneamente a una misma candidatura ejecutiva. En términos concretos, varios partidos podrían acompañar la boleta presidencial de Milei con sus propias listas de diputados o senadores, sin necesidad de conformar una alianza formal ni compartir una estructura política común. El resultado es que un mismo candidato a presidente o gobernador puede aparecer respaldado por múltiples listas legislativas de distintas fuerzas.
No se trata de una novedad histórica. El peronismo, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, la Coalición Cívica y numerosas fuerzas provinciales menores recurrieron a este esquema en diferentes momentos. Uno de los ejemplos más recordados ocurrió en las elecciones de 2011, cuando Cristina Fernández fue reelecta presidenta y, en la provincia de Buenos Aires, dos candidatos a gobernador adhirieron a su candidatura desde sellos partidarios distintos: Daniel Scioli por el Frente para la Victoria y Martín Sabbatella por Nuevo Encuentro. Scioli se impuso en la categoría provincial.
Durante años, las colectoras existieron en una zona gris de la legislación: el Código Electoral Nacional no las habilitaba ni las prohibía de forma explícita. Recién en 2011, con la creación de las PASO mediante una ley de reforma política, el decreto reglamentario del gobierno de entonces reconoció formalmente la posibilidad de que agrupaciones no aliadas entre sí acordaran adhesiones de boleta. Paradójicamente, desde ese momento el recurso fue cayendo en desuso.
El principal cuestionamiento técnico que enfrenta la propuesta oficialista es que las colectoras fueron diseñadas para funcionar con el viejo sistema de boleta partidaria en formato sábana, donde la presentación horizontal de candidatos dificultaba distinguir el voto por categoría. Con la Boleta Única de Papel, que permite al votante seleccionar candidatos de distintas fuerzas para cada cargo por separado, el problema original que las colectoras buscaban resolver ya no existe de la misma manera, lo que pone en duda la coherencia del sistema combinado.
A las objeciones técnicas se suman las críticas políticas. Desde sectores de la oposición y entre especialistas electorales, las colectoras son señaladas como una práctica que debilita la equidad del proceso y genera confusión entre los votantes. Además, en distritos donde todavía rige la boleta sábana —como la provincia de Buenos Aires— tienden a beneficiar a los aparatos partidarios con mayor capacidad de control territorial sobre la distribución de boletas. La iniciativa oficialista, lejos de generar consenso, abre un nuevo frente de disputa en el Congreso.
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