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| viernes, 10 de julio de 2026 |
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El Tedeum del 9 de Julio, entre gestos y filas
Milei encabezó el acto religioso por el Día de la Independencia con una comitiva ordenada y sin las tensiones que marcaron el 25 de mayo.
Javier Milei participó este jueves del Tedeum por el 210° aniversario de la Independencia argentina en la Catedral Metropolitana. Como ya es costumbre en su gestión, el Presidente ordenó hacer una caravana desde la Casa Rosada hasta el templo, ubicado a apenas doscientos metros. Sin embargo, a diferencia del 25 de mayo, esta vez eligió caminar solo y con cierta distancia por delante del resto de sus funcionarios, en un gesto que no pasó desapercibido para quienes observaban la escena.
La Plaza de Mayo reunió a una cantidad considerable de personas apostadas detrás de las vallas, aunque sin llegar a desbordar las calles del entorno. Lo más notable fue el contraste con la ceremonia de hace casi dos meses: los rostros de quienes integraban la comitiva lucían mucho más relajados. En aquella ocasión, Manuel Adorni marchaba entre los funcionarios en un momento en que ya había perdido casi todo respaldo interno, sosteniéndose únicamente gracias al vínculo con los hermanos Milei.
Esta vez la primera fila quedó compuesta por el nuevo jefe de Gabinete Diego Santilli, el titular de la Cámara de Diputados Martín Menem, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei y el canciller Pablo Quirno. Si bien la disposición responde a criterios de protocolo, no pasó inadvertido que Menem se ubicó junto a Karina, reforzando visualmente la imagen de una alianza consolidada entre ambos.
Detrás de ellos marcharon los ministros en pleno, junto a secretarios de Estado, el presidente del Banco Central Santiago Bausili y la jefa del bloque oficialista en el Congreso, Patricia Bullrich. La presencia de Bullrich en el convoy, tanto en la ida como en el regreso, fue una decisión deliberada de todas las partes involucradas. El objetivo era evitar cualquier especulación sobre fricciones: en el Tedeum del 25 de mayo, ella había llegado por separado y luego le impidieron el acceso al Cabildo por razones de protocolo, un episodio que generó versiones sobre rispideces.
En la cuarta fila se destacó la presencia del asesor presidencial Santiago Caputo, quien esta vez optó por un perfil más discreto: sobretodo negro y gafas, sin accesorios que pudieran generar comentarios. A su izquierda caminaba el flamante vocero presidencial Adrián Ravier, figura cercana ideológicamente al entorno de Las Fuerzas del Cielo. Los completaban María Ibarzábal, secretaria de Legal y Técnica considerada parte del espacio caputista, y el nuevo secretario de Comunicación y Medios Fabián Fernández.
Antes de ingresar al templo, Milei saludó a varios integrantes del Regimiento de Granaderos a Caballo. Ya en la entrada lo recibió el presbítero Alejandro Russo. Hubo algunos rezagados notables: Sebastián Pareja, presidente de La Libertad Avanza, que ya estaba en las inmediaciones pero terminó entrando varios minutos después, al punto de que se lo vio tocando la puerta de la Catedral para que le franquearan el paso.
Dentro del templo, Milei tuvo un cálido intercambio con el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, quien asistió junto a su esposa María Belén Luduena y su hijo Vito, nacido a fines de abril. El Presidente se acercó a la familia y, antes de que comenzara la ceremonia, los felicitó por el reciente nacimiento.
El arzobispo Jorge García Cuerva volvió a marcar distancia simbólica con el discurso oficial en su homilía. Convocó a superar las divisiones y construir puentes, con un vocabulario alejado del ideario anarcolibertario. Pidió a los presentes que buscaran independizarse del individualismo, de la competencia por el protagonismo y de la mezquindad política. Además, salió en defensa del gasto en discapacidad al sostener que invertir en los sectores más vulnerables no equivale a derrochar recursos, sino a una obligación con los más débiles de la sociedad.
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