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| martes, 25 de agosto de 2026 |
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El Tedeum del 9 de Julio, sin tensiones
Milei encabezó el acto religioso con una comitiva ordenada y sin las incomodidades que marcaron la celebración de mayo.
Javier Milei participó este jueves del Tedeum en conmemoración del 210° aniversario de la Independencia argentina. Como ya había hecho el 25 de mayo, el Presidente ordenó armar una caravana desde la Casa Rosada hasta la Catedral Metropolitana, un trayecto de apenas doscientos metros. Sin embargo, a diferencia de aquella ocasión, esta vez Milei eligió caminar solo, unos pasos por delante del resto de su comitiva.
La Plaza de Mayo tuvo presencia de público, con personas agolpadas sobre las vallas, aunque sin llegar a colmar los alrededores. El clima entre los funcionarios fue notoriamente más distendido que en mayo, cuando el entonces jefe de Gabinete Manuel Adorni marchaba entre ellos habiendo perdido prácticamente todo respaldo interno, sostenido únicamente por el círculo íntimo de los Milei.
Esta vez la primera fila quedó compuesta por el nuevo jefe de Gabinete Diego Santilli, el presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, la secretaria general de la Presidencia Karina Milei y el canciller Pablo Quirno. La disposición respondió al protocolo de rigor, aunque no pasó inadvertido que Menem se ubicó junto a Karina en una actitud que subrayó la solidez de ese vínculo político.
Detrás de ellos desfilaron en bloque la totalidad de los ministros, varios secretarios de Estado, el presidente del Banco Central Santiago Bausili y la titular del bloque oficialista en Diputados, Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad integró el convoy tanto en la ida como en la vuelta, una decisión deliberada para evitar cualquier rumor de distanciamiento. En el Tedeum de mayo había llegado por su cuenta y luego le impidieron el acceso al Cabildo por razones de protocolo, episodio que generó versiones encontradas.
Entre los integrantes de las filas siguientes se destacó el asesor presidencial Santiago Caputo, que en esta oportunidad optó por un perfil más discreto: sobretodo negro y anteojos, sin los accesorios que en otras apariciones le dieron mayor visibilidad. A su lado marchó el flamante vocero presidencial Adrián Ravier, figura ideológicamente cercana al núcleo duro del oficialismo. Los completaron María Ibarzábal, secretaria de Legal y Técnica vinculada al espacio de Caputo, y el nuevo secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández.
Antes de ingresar al templo, Milei saludó a integrantes del Regimiento de Granaderos a Caballo. Ya en la puerta de la Catedral lo recibió el presbítero Alejandro Russo. Hubo algún rezagado notable: Sebastián Pareja, presidente de La Libertad Avanza, que ya rondaba la zona pero terminó tocando la puerta del edificio para que le franquearan el ingreso varios minutos después que el resto.
Dentro del templo, el Presidente tuvo un saludo afectuoso con el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, quien estuvo acompañado por su esposa María Belén Ludueña y su hijo Vito, nacido a fines de abril. Al acercarse a la familia, Milei les expresó sus felicitaciones antes de que comenzara la ceremonia.
El arzobispo Jorge García Cuerva volvió a protagonizar una homilía con un tono que contrasta con el vocabulario habitual del oficialismo libertario. Convocó a superar las divisiones y construir una sociedad más solidaria, y pidió que el país se independice del individualismo, de la competencia por el protagonismo y de la mezquindad política. También salió en defensa del gasto en discapacidad, al sostener que invertir en los más vulnerables no puede equipararse al despilfarro. El mensaje fue escuchado en silencio por toda la comitiva oficial.
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