domingo, 28 de junio de 2026
 
 
     
Adorni se fue: la presión interna selló su destino

El ex jefe de Gabinete renunció tras casi ocho meses en el cargo, acorralado por escándalos patrimoniales y la presión de Karina Milei, Javier y Bullrich. Ahora buscan



El final llegó el pasado martes a las 18.38. Manuel Adorni publicó su carta de renuncia en las redes sociales después de ocupar casi ocho meses la Jefatura de Gabinete, los últimos tres marcados por un desgaste político, mediático y judicial que terminó consumiendo tanto al funcionario como al Gobierno. Anoche, en Casa Rosada ya fantaseaban con pasar esa página. Lo que precipitó la salida fue un círculo de presiones convergentes que se tornaron insostenibles. En los pasillos del poder aseguran que fue Karina Milei quien, en conversaciones confidenciales dentro de la Casa Rosada, terminó de rematar cualquier sostén que le quedaba al ex vocero presidencial. Las explicaciones que intentó dar sobre su enriquecimiento patrimonial resultaron indefendibles a los ojos de la secretaria general. Su hermano Javier tampoco le perdonó los movimientos: incluso se enfrentó a los gritos con colaboradores en la quinta de Olivos y le dispensó una batería de gestos al ahora ex funcionario. Patricia Bullrich jugó un rol protagónico en este desenlace. Desde el Senado se encargó, tanto públicamente como en las sombras, de erosionar la figura de Adorni e impulsar su renuncia. Intentó presionarlo de todas las maneras posibles, una táctica que compartió buena parte del gabinete y que irritó más a Karina que al mismo presidente. Días atrás le había pedido al ex jefe de Gabinete que esperara un poco más. Los antecedentes de Adorni lo colocaban en una posición endeble desde el inicio. Había llegado al cargo en octubre pasado sin experiencia de gestión más allá de su rol como portavoz presidencial. Su nombramiento respondió, fundamentalmente, a su proximidad con Karina Milei y a la necesidad de ella de frenar el ascenso de Santiago Caputo, el consultor que venía ganando influencia. Pero mantenerlo en el puesto se convirtió en un martirio. Los escándalos sobre sus adquisiciones inmobiliarias generaron un goteo diario de críticas que impactó directamente en la popularidad del Ejecutivo. Su imagen negativa superó el 80 por ciento. Paralelamente, la gestión quedó paralizada: iniciativas legislativas quedaron opacadas mientras caía una lluvia de pedidos de interpelación y mociones de censura desde la oposición. Incluso los aliados del Gobierno estaban hartos de la situación. La Justicia también apretó las tuercas. La investigación por enriquecimiento ilícito tomó una velocidad atípica para un jefe de Gabinete en funciones. El juez Ariel Lijo, que tramita el expediente, se encargó de mantener la presión. El fiscal Gerardo Poll llevaba adelante las pesquisas. Desde el Ejecutivo habían intentado gestiones para frenar el proceso, pero fueron infructuosas. Juan Bautista Mahiques fue el encargado de esas movidas. Lo que terminó de quebrantar a Adorni fue una confesión presidencial. El viernes pasado, mientras estaba en Madrid, Milei soltó una frase letal: «Si la Justicia lo encuentra culpable, lo vuelo yo de una patada». Con eso, le sacaba el último sostén al ex funcionario. En Casa Rosada ya no esperaban salvación alguna. Más aún: anticipaban una indagatoria inminente. Eso selló su destino. La renuncia era solo cuestión de tiempo. Ahora el Gobierno intenta cerrar ese episodio de desgaste político. Mientras tanto, sectores como el de Santilli se posicionaban anoche para desembarcar en la estructura gubernamental, especialmente en el área de la Secretaria General. Con la salida de Adorni, la interna podría recrudecer en los próximos días.
   
     
 
 
 
 
 
 
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