martes, 25 de agosto de 2026
 
     
Los argentinos priorizan resolver problemas económicos antes

Una encuesta nacional revela que la mayoría de los ciudadanos no cree que un nuevo título deportivo impacte en sus decisiones políticas ni altere su visión del país.



Un relevamiento llevado a cabo por la firma consultora Giacobbe & Asociados expone conclusiones contundentes sobre cómo los argentinos valoran los grandes eventos deportivos en relación con sus prioridades cotidianas y sus decisiones electorales. Los números son claros: la población mantiene una mirada escéptica respecto a la capacidad que podría tener una consagración de la Selección en el próximo Mundial para modificar el panorama político nacional. El estudio arrojó que el 85,5% de las personas encuestadas sostiene que si Argentina ganara la copa mundial en 2026, esto traería poco o ningún beneficio electoral para el presidente Javier Milei. Complementando este dato, el 93,4% de los consultados manifestó que un título deportivo no influiría en su propio comportamiento de voto. Estos números ponen en cuestión la teoría ampliamente difundida en el debate público sobre la influencia del fútbol en las decisiones políticas de los ciudadanos. Jorge Giacobbe, especialista en análisis político y responsable del estudio, fue enfático al presentar los resultados en un programa radial matutino. Señaló que los datos contradicen una creencia muy arraigada en los círculos políticos del país. Calificó como una "fantasía" la noción de que el fútbol posee una capacidad determinante para alterar las preferencias electorales, apuntando que las cifras recopiladas evidencian exactamente lo opuesto. El especialista realizó una comparación histórica con los relevamientos realizados durante el Mundial de Qatar en 2022, cuando Alberto Fernández ejercía la presidencia. Giacobbe recordó que en aquel momento también surgían especulaciones sobre un posible efecto positivo en materia política derivado de la victoria deportiva, pero los hechos posteriores no validaron esa hipótesis. Incluso mencionó el caso internacional de Dilma Rousseff en Brasil para demostrar que esta pauta se repite en otras latitudes: los éxitos deportivos no generan necesariamente un respaldo político duradero. Otro hallazgo importante del sondeo se relaciona con la capacidad del fútbol para hacer que los ciudadanos olviden sus problemas cotidianos. El 46,9% indicó que durante la competencia se distrae, pero continúa pensando en sus dificultades económicas. Casi el 38% fue aún más categórico, asegurando que no deja de preocuparse por nada. Apenas un 15% reconoció abandonar completamente esas inquietudes durante el torneo. Giacobbe resumió esta realidad con una frase memorable: "Termina el partido y tenés que ir al supermercado". La encuesta incluyó un ejercicio hipotético donde los participantes debían elegir entre dos futuros alternativos para los próximos cuatro años. El primero ofrecía una recuperación económica genuina, pero con un mal desempeño de la Selección. El segundo planteaba conquistar nuevamente la copa mundial, pero sin mejoras en la situación económica del país. Los resultados evidenciaron una sociedad prácticamente dividida: el 48% optó por la mejora económica, mientras que el 45% prefirió otro título mundial aun sin avances económicos. Giacobbe reflexionó que esta pregunta contenía una intencionalidad deliberadamente exigente al enfrentar dos anhelos profundamente valorados por la sociedad argentina. Observó además que ese porcentaje del 45% guarda similitudes numéricas con el segmento que no acompañó a Milei en el balotaje presidencial, aunque fue cuidadoso en aclarar que no puede confirmarse que se trate de exactamente los mismos votantes. Finalmente, el relevamiento consultó sobre el potencial del Mundial para promover unidad política. El 71,5% respondió que el torneo no tiene ninguna vinculación con la política, mientras que el 27,3% consideró que podría servir como oportunidad para acercar posiciones entre sectores. Estos números refuerzan la conclusión central del estudio: para la mayoría de los argentinos, las preocupaciones económicas y políticas prevalecen incluso frente a los eventos deportivos de mayor envergadura.
   
     
 
 
 
 
 
 
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