Axel Kicillof empieza a enfrentar un escenario adverso dentro del propio peronismo en la antesala de su eventual lanzamiento presidencial. Dirigentes de distintos sectores comenzaron a marcar distancia y lo señalan como un actor que genera más divisiones que consensos, lo que complica su estrategia de cara a 2027.
Las críticas apuntan principalmente a su estilo de conducción, al que algunos califican como “mesiánico”, y a una supuesta falta de apertura para construir acuerdos amplios. También cuestionan su enfoque político, al que consideran desactualizado frente a los nuevos desafíos electorales.
En el trasfondo aparece una preocupación clave: que una porción del voto peronista no acompañe su candidatura y termine frustrando sus chances en una elección competitiva. En ese contexto, no se descarta una interna fuerte con otros aspirantes del espacio, donde el gobernador podría quedar relegado.
Desde el kicillofismo, en tanto, apuntan contra Cristina y Máximo Kirchner, a quienes acusan de no impulsar su proyección nacional. También cuestionan a La Cámpora por carecer de una agenda política más allá de la consigna “Cristina Libre”.
A pesar de ese escenario, Kicillof intenta ampliar su base de sustentación, con acercamientos a otros sectores del peronismo y la búsqueda de captar votantes por fuera del núcleo duro. En ese camino, mantiene el respaldo de algunos espacios gremiales, como el liderado por Héctor Daer.
La interna peronista se recalienta y deja al gobernador en una posición incómoda: obligado a consolidar apoyos mientras crecen las resistencias dentro de su propio espacio.