El escándalo que rodea a Manuel Adorni ya impacta puertas adentro del Gobierno. En las últimas horas trascendieron chats internos que reflejan un creciente malestar en la Casa Rosada, donde distintos sectores empiezan a cuestionar el costo político de sostener al jefe de Gabinete en medio de la investigación judicial.
Los intercambios, que circularon entre funcionarios y asesores, dejan ver una mezcla de preocupación e impaciencia. Algunos plantean que el caso empieza a erosionar la narrativa oficial sobre transparencia, mientras que otros advierten sobre la falta de una estrategia clara para contener el impacto y ordenar el frente político.
En ese contexto, también aparecen menciones a movimientos financieros bajo análisis, como préstamos millonarios del Banco Nación a figuras cercanas al oficialismo, lo que amplía el clima de inquietud dentro del propio Gobierno. La preocupación no se limita al plano judicial: hay temor a que el episodio complique la agenda económica y distraiga al Ejecutivo en un momento clave.
El ruido interno se combina con discusiones más amplias sobre el rumbo político. En los chats se deslizan referencias a la necesidad de acelerar definiciones de cara a 2027, con especial foco en la construcción de alianzas con gobernadores y actores territoriales que garanticen gobernabilidad.
Mientras tanto, la figura de Adorni queda en el centro de una tensión creciente: sostenerlo implica asumir el desgaste, pero soltarlo podría abrir una crisis mayor dentro del esquema de poder. El Gobierno, por ahora, navega ese equilibrio inestable.