jueves, 8 de enero de 2026
 
 
     
Deudas entre Argentina y Venezuela

El respaldo de Milei a la operación de captura impulsada por EEUU destapó una serie de conflictos diplomáticos no resueltos.



 La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y su inminente traslado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y corrupción generaron un sismo en la política regional. En la Argentina, el gobierno de Javier Milei no tardó en expresar su respaldo a la maniobra de Washington, pero ese gesto dejó al descubierto una larga lista de cuentas sin saldar entre Buenos Aires y Caracas que ahora el oficialismo no podrá seguir esquivando.

En primer lugar, la situación de los ciudadanos venezolanos asilados desde hace años en la Embajada argentina en Caracas se vuelve insostenible. Se trata de un grupo de opositores al régimen chavista a quienes se les otorgó refugio diplomático pero nunca se concretó su salida del país, debido a la falta de garantías de Maduro y la desidia del Estado argentino. Con el nuevo escenario regional y sin una interlocución clara del lado venezolano, su destino es incierto.

A eso se suma la escasa —o directamente nula— presencia diplomática formal de Argentina en Venezuela. Desde el cambio de gobierno, no hay embajador designado ni señales claras sobre si se mantendrán los canales abiertos con la administración de facto que suceda a Maduro. Las relaciones exteriores quedaron reducidas a gestos ideológicos, sin una política definida sobre los vínculos bilaterales. Y esa indefinición podría pasarle factura a Milei en organismos internacionales, donde la presión para tomar postura crecerá.

La tensión también reabre debates domésticos. Sectores cercanos al oficialismo ya analizan impulsar investigaciones sobre los vínculos financieros y políticos entre el chavismo y el kirchnerismo. El financiamiento de campañas, los convenios energéticos poco transparentes y los negocios cruzados con PDVSA podrían volver al centro de la escena, en una jugada que Milei podría capitalizar para reforzar su narrativa anti-casta.

En paralelo, sigue sin resolverse la deuda que Venezuela reclama a la Argentina por el envío de combustibles y productos energéticos durante los gobiernos de Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner. Son cifras millonarias que están bajo arbitraje y que podrían reactivarse en los tribunales internacionales si Caracas encuentra un nuevo liderazgo dispuesto a cobrarlas.

Finalmente, el gobierno argentino deberá decidir si mantiene su alineamiento automático con Estados Unidos en este frente o si elige una estrategia más pragmática que le permita mantener márgenes de maniobra regional. La gira internacional que se avecina —con visitas a Davos y posiblemente a Estados Unidos— marcará en parte el tono de esa política exterior. Pero el temblor que provocó la caída de Maduro ya dejó expuestas las fragilidades de una diplomacia argentina sin anclajes ni plan de largo plazo.


   
     
 
 
 
 
 
 
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