Por primera vez desde su llegada al poder, Javier Milei apunta directamente contra el llamado “cordobesismo”, una construcción política que hasta ahora venía funcionando como aliada clave en el Congreso para aprobar reformas. La tensión crece con el gobernador Martín Llaryora, heredero de Juan Schiaretti, y amenaza con cambiar el mapa legislativo.
El conflicto se desató tras el rechazo parcial del bloque cordobés a artículos clave del proyecto de reforma fiscal, que incluía la actualización del Impuesto a las Ganancias. En Balcarce 50 lo leyeron como una traición y ahora el gobierno nacional evalúa represalias: desde frenar obras hasta judicializar reclamos por la deuda que la provincia mantiene con la Nación.
En paralelo, la pulseada interna entre Llaryora y Schiaretti por el control del espacio suma ruido. Schiaretti, más proclive a acuerdos con la Casa Rosada, mira con desconfianza el viraje más autónomo de su sucesor, que busca despegarse del libertarismo sin romper del todo. En ese escenario, los diputados que responden al cordobés dudan en acompañar la próxima Ley Bases, mientras los senadores ya se distanciaron del oficialismo en la votación del Presupuesto 2026.
El trasfondo es electoral: el cordobesismo quiere llegar con vida a 2027, cuando Llaryora podría disputar la presidencia. Para eso, necesita marcar diferencias sin romper puentes. Pero en la lógica de Milei, no hay espacio para los matices: o se está con él, o se es parte de la “casta”.
La tensión no es sólo política. La provincia arrastra una deuda con la Nación por obras y programas que el nuevo gobierno no está dispuesto a refinanciar sin alineamiento político. Desde el Panal aseguran que ya cumplieron con sus compromisos y que es el gobierno central el que está incumpliendo. En el medio, los diputados cordobeses empiezan a moverse en clave opositora y exploran acuerdos con otros bloques dialoguistas.
Con la economía en terapia intensiva y el Congreso en modo electoral anticipado, Córdoba vuelve a ser clave. Pero esta vez, ya no como aliada silenciosa del oficialismo, sino como una fuerza intermedia que empieza a rebelarse.